Golda Meir- Simon Veil- Hillary Clinton
Estas tres mujeres políticas tienen una cosa en común: por sus venas corre sangre judía. Una es israelita, las otras dos: francesa y americana. Y las tres se engordaron cuando estaban en el pináculo de su gloria.
La primera, la señora Meir, fue una leyenda en su estado de Israel, la segunda, fue también una leyenda en Francia, logró aprobar por una asamblea nacional ¨machista¨ y católica, la ley del aborto, y, la tercera, enfrenta hoy día el enigmático conflicto Libio-Al Queda-Magreb.
Hemos visto en los últimos meses, como la señora Clinton se ha engordado y envejecido, como si el cetro de jefa de la diplomacia americana, se le estuviera cayendo, cada vez que camina por las actuales pasarelas de las relaciones internacionales.
Hace poco la vimos en la televisión, titubeando sobre el hecho que todos los miembros de Al Queda vienen del este de Libia, en donde se encuentra el sitio oficial del gobierno alterno a Gadafi. ¡Fueron por lana y salieron trasquilados! Siempre los Demócratas.
Cuando ella y Obama soltaron a la mayoría de esos terroristas libios de la cárcel de Guantánamo y que Chávez lo aprobó (al inicio del gobierno demócrata del 2008), todo el mundo se concentró en atacar al presidente G. W. Bush. Hoy Chávez quiere ayudar a su amigo libio, aunque aprobó, que soltaran a los terroristas de Guantánamo.
Hoy día vemos que la administración Bush tenía razón, aunque el mismo haya reconocido en su libro, sus errores.
De Madame Meir decían los cronistas amarillos, que cuando subía al podio, sus nervios ejercían una fluidez en las paredes de sus intestinos, acorralando vientos sin ningún contenido oloroso, algunos llegaron hasta afirmar, que solía tener problema con su vejiga, en tiempo de contrastes políticos, que nunca faltaban en el Israel de su época.
En cuanto a Madame Veil, su valentía al frente del ministerio de la Salud, en una Francia hostil, la confino a reducir su futuro político, a la mínima expresión en el seno de su partido, por ejemplo a darle consejos, a las primeras damas de los presidentes galos.
¿Terminará la señora Clinton, como las señoras Meir y Veil? ¿Reducida a su mínima expresión y gorda? ¿O regresará a la silueta de la americana neoyorquina?
