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Golpe militar


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El Gobierno constitucional de Mohamed Mursi fue derrocado por un golpe militar que ha generado protestas políticas con saldo de muertos, heridos, encarcelamiento de dirigentes políticos y otras fracturas del orden jurídico en Egipto. Precedidas por un ultimátum improcedente en el indispensable apoliticismo militar, las fuerzas armadas tienden sombrías perspectivas sobre el proceso de la primavera árabe de otros países de la región. Resulta paradójico que los militares que protegieron varios años el régimen autoritario de Hosni Mubarak usen el arsenal armado para anular el inicio temprano del ejercicio de un gobierno que llegó al poder con mayoría de votos libremente emitidos. Las controversias surgidas contra el gobierno de Mursi pudieron resolverse dentro de la normativa constitucional. Más aún, efectuó cambios ministeriales y derogó medidas que, según sus detractores, lo blindaban antijurídicamente.

La antigua discordia entre los militares y el partido de los Hermanos Musulmanes se mantuvo agazapada a la espera de pretextos de orden político para derrocar a Mursi. Los Hermanos Musulmanes mezclan nociones de islamismo laico y justicia social en una ideología que inicialmente apoyó el derrocamiento de la monarquía de Farouk en 1952 por el nacionalismo militar representado por Gamal Abdel Nasser que nacionalizó el canal de Suez en 1956. Sin embargo, con la llegada al poder de Mubarak se entabló la pugna abierta de los Hermanos Musulmanes con las fuerzas armadas.

El nombramiento del presidente de la corte constitucional Adly Mansour en reemplazo de Mursi muestra la paradoja del golpe militar avalado por el tribunal creado para defender la constitucionalidad. Estas contradicciones proliferan con la disolución de la Cámara Alta del Parlamento, de mayoría islamista. Previamente, Mursi obtuvo facultades legislativas a través del Consejo de la Shura, organismo de asesoramiento.

Mientras los choques de musulmanes y militares se extienden de El Cairo al Sinaí, las naciones occidentales observan cautelosamente el proceso egipcio. Como principales proveedores de armamento y tecnología, Estados Unidos y Francia analizan la naturaleza del conflicto. En una posición rotunda contra el golpe militar, la Unión Africana suspendió la membresía de Egipto en cumplimiento de la doctrina de no reconocimiento a regímenes inconstitucionales.

Israel observa los acontecimientos, sobre todo en la frontera. Temen los estrategas del Medio Oriente que la represión militar contra los partidarios de Mursi desemboque en acciones terroristas contra el retorno posible de la autocracia de Mubarak. Egipto es la cancillería del mundo árabe, donde se negocian acuerdos que inciden en las naciones árabes del Magreb. La democracia ha durado apenas poco más de un año. La pregunta es cómo repercutirá el golpe militar en Túnez, Libia y otros países de la región. La disolución de los órganos Ejecutivo y Legislativo, las persecuciones y encarcelamientos de disidentes islamistas, la sustitución de autoridades de refrendo electoral por elementos nombrados a dedo por el mando militar y otros hechos antidemocráticos llevan al escepticismo sobre el porvenir de la primavera árabe.

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Viernes 14 de agosto de 2026