Golpes de timón
Cuando un político se enfunda el traje de funcionario, debe estar preparado para las críticas y los cuestionamientos. Su función es servir al pueblo y darle explicaciones sobre todas sus decisiones.
Los salarios de los ministros, directores y todos los que ejercen funciones en el aparato estatal provienen de los bolsillos de los panameños.
Cada programa o proyecto que se desarrolle donde se utilicen los fondos del Estado deben ser transparentes y alejados del nepotismo o los intereses particulares.
El trabajo de los periodistas y los medios de comunicación serios es investigar, confirmar y publicar las informaciones que tienen un impacto sobre la colectividad.
El manejo, en términos de comunicación, que emplean algunos funcionarios es muy deficiente. Si existen argumentos para revalidar notas periodísticas o aclarar hechos, debe hacerse en los tiempos correctos, antes de que salgan a la opinión pública.
Amenazar o poner en duda la credibilidad de un medio de comunicación o un profesional del periodismo con la intención de desacreditar su trabajo, solo demuestra inmadurez y falta de tolerancia para manejar una crisis mediática.
Los golpes de timón, en ocasiones son justos y necesarios. Los sabios aceptan cuando comenten errores, y hacen lo necesario para que no vuelvan a ocurrir.
Aceptar que existe un problema en la comunicación, donde en ocasiones se reacciona con el corazón y no con la razón, es saludable para un país democrático como Panamá. No se trata tan solo de liderar un país en franco crecimiento y con millonarios proyectos de inversión en marcha, sino de mantener un equilibrio entre los actores de la sociedad.
Este equilibrio solo se logra a través de un diálogo sincero de todas las partes, sin ofensas, sin amenazas y pensando siempre en el interés común.
La libertad de expresión es intocable. No se trata de nombres o cargos, solo de respeto a los derechos adquiridos de los ciudadanos, bajo un marco de transparencia y honestidad.
