Gómez Nadal y Lucho Moreno
Son dos casos vinculados al país, que por lo mismo, merecen ser observados. La salida del periodista extranjero, Francisco Gómez Nadal, ha provocado el reproche de quienes realizan el trabajo de informar, y en menor medida de la comunidad nacional. Y, es que muy en el fondo, independientemente de la labor periodística que realizaba en el país, subyace un sentido nacional, que aunque no manifiesto con toda claridad, está latente. Esto explica, la cautela con que los nacionales han tomado el caso aludido, comprendiendo que Panamá es de los panameños, y que los problemas internos deben ser debatidos entre los mismos, sin la mediación de foráneos. Precisamente, una de las aspiraciones de los pueblos, la cual tiene un carácter histórico, es su autodeterminación. Por esa razón se han levantado banderas y por ese derecho hasta se han ofrendado vidas. Es claro que quienes participan en el quehacer de un país, principalmente si son extranjeros, deben ser correspondientes con su realidad, y estar más allá de toda duda, sobre todo si se trata de la participación en la actividad política nacional. Fue justamente el caso de Luis Ladeutt, dirigente popular, quien creció y desarrolló toda su vida en Panamá, exportado a Colombia, su lugar de nacimiento durante la gestión de Pérez Balladares, y el sonado caso de Adolfo Ahumada, ministro de Estado durante el periodo de Omar Torrijos, obligado a renunciar por razones de extranjerismo. Estos dos últimos, diría tan panameños como el que más, por sus históricos aportes a la lucha popular y nacionalista, sintieron -no obstante- en carne propia los embates de un nacionalismo esgrimido en momentos en que se vio “comprometido el interés político”. Estos dos últimos, que sí supieron de las realidades panameñas, porque desde temprano las vivieron y las experimentaron, fueron sumergidos ante un nacionalismo interesado. Ese no es el caso del periodista exportado. Pero si lo es, el del deportista panameño, Luis Moreno, condenado por la sociedad colombiana, que apela al simbolismo de una lechuza para externar su ser nacional, sin reparar el daño que pudiera causar a un país hermano; puesto que las informaciones que circularon por el mundo, dieron cuenta de la nacionalidad panameña del futbolista.
Ante este evento, hemos sido muy parcos en la defensa del compatriota. No se trata de aplaudir conductas díscolas, pero sí de alzar la voz de apoyo en los momentos difíciles, sobre todo si las acciones nunca tuvieron intenciones malsanas. La panameñidad también se defiende con las manifestaciones de solidaridad moral en los tiempos en que se compromete la imagen del país. El deportista Luis Moreno es panameño y en él, como en cualquier otro que nos represente, va la cara de Panamá. No se trata de que por posiciones políticas contrarias a un gobierno se defienda lo externo, y no a quienes, si por ser nacionales merecen el respaldo de todos los coterráneos.
Jorge101cwpanama.net
