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Gracias, Señor, por un año más


Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / Sacerdote jesuita.

Terminamos, según nuestro calendario, un año más y bendecimos al Señor por concedernos otro año nuevo. En una tarjeta de felicitación de hace algunos años, me decían: nadie cumple un año menos queriendo jugar con los números vitales, cumplimos un año más que al mismo tiempo es un año menos. Mucha curiosidad me causó oír a un amigo venezolano radicado en Panamá que de repente cayó enfermo y le surgieron varias calamidades, decir: “Qué vaina es volverse viejo. Te sale una cosa y cuando te estás curando de ella, te viene otra y así descubrimos que ya no es como antes, y lo más curioso es que todos caminamos hacia la vejez, aunque no lo creamos ni lo queramos y que queramos aparecer después como un chiquillo de pecho.

Hoy día, el ser humano es más longevo. Que la esperanza de vida es de 80 años, aunque eso no quita que muchas personas no lleguen a los 70 y otros, no sé qué cantidad, a duras penas a los 60. Gracias a que la medicina ha progresado mucho, han aumentado los cuidados paliativos, y los tratamientos se han ido especializando que hasta he oído que a un amigo le trasplantaron los dos pulmones y sobrevive. Por tanto, el hecho es que por ahora todos tenemos que llegar al arrabal de senectud.

En nuestra iglesia local a Dios, encontramos un clero joven en las distintas diócesis. Estuvimos tanto en la fiesta de la Inmaculada de Penonomé, y pude ver el número plural de sacerdotes autóctonos y todos jóvenes y lo mismo experimenté en la Cena de Pan y Vino de Veraguas, en donde también impresiona el número de sacerdotes autóctonos jóvenes de esa provincia y aun así hacen falta obreros para asistir a las demandas apostólicas. “Llegará un día, en otro te vestirá y te llevará donde tú no quieras”, reza el Evangelio y así es, y el horror es tener que depender de otros para cumplir cosas fundamentales y, sin embargo, así es, a pesar de que uno lo quiere.

Y si llegamos a hablar de la memoria, válgame Dios, nos olvidamos de los nombres de las personas y confundimos a uno con otros y da pena estar haciendo las mismas preguntas, que es un signo de que ya estamos cerca del arrabal de senectud.

Haciendo de tripas corazón, démosle la bienvenida al nuevo año, que es un año menos en el cual podamos alegrar a alguien y dar un consejo a quien lo necesite y vivir las obras de misericordia dando de comer a hambrientos, beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar enfermos, redimir al cautivo o enterrar a los muertos. Con tal que hagamos alguna de esas obras, vale la pena vivir. ¡Feliz Año!

Sacerdote jesuita.

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Viernes 14 de agosto de 2026