Gran confusión
Las medias verdades y mentiras completas sobre la contaminación del río La Villa generan una gran confusión en los pobladores de Azuero. De forma alarmista se les informa que el agua del río supera los límites de toxicidad. Se gastan miles de dólares en agua embotellada, pero horas después se suspende la alarma. Veloces monitoreos comprueban que el agua es bebestible. Los azuerenses no salen del asombro. ¿Por qué misteriosas razones el agua embotellada no es nociva si se obtiene de la misma fuente del agua de la pluma? ¿Tiene o no el Idaan capacidad para purificar el agua de consumo público? El escepticismo sigue flotando como un corcho porque los moradores de los pueblos de Azuero desconfían de las marchas y las contramarchas del gobierno. Los maiceros quieren saber el nombre del herbicida que reemplazará la atrazina. Al parecer no han obtenido respuesta a las dudas que paralizan la producción de maíz. Otra pregunta de los trabajadores de la empresa productora de etanol se dirige a esclarecer quiénes son los responsables de la contaminación si la planta está parada. No hay respuesta hasta el momento.
Las declaraciones del presidente Varela y los ministros de Salud y Desarrollo Agropecuario los presentaron como descubridores del agua tibia. Pasaron por alto que la contaminación de los ríos solo constituye un aspecto de la problemática general de la contaminación de los alimentos por el uso desproporcionado de plaguicidas agrícolas. Considerando que los panameños estamos expuestos a riesgos más delicados por los residuos de plaguicidas en los alimentos es que se entregó la responsabilidad del control de los plaguicidas y sustancias de uso agrícola a los ministerios de Salud y de Desarrollo Agropecuario en el año 2011.
Panamá suscribió el Reglamento de Agricultura Orgánica de alcance centroamericano que propugna la utilización de métodos de preservación ecológica en la producción de alimentos de origen vegetal. Por otro lado, la Red de Acción en Plaguicidas y Alternativas para América Latina reveló que en Panamá existe un fácil acceso, por ausencia de controles eficaces, a la compra de plaguicidas peligrosos a la salud humana, después de estudios in situ en Cerro Punta y Boquete. Antes, en el año 2007, se expidió el decreto ejecutivo que encomienda a Salud y Desarrollo Agropecuario el establecimiento de límites máximos de residuos permisibles en la producción de alimentos mediante monitoreos en centros de acopio, mercados de abasto, supermercados, plantas procesadoras de alimentos y centros de producción.
Sin embargo, existe una dispersión institucional en la toma de responsabilidades sobre plaguicidas. La Anam tiene, desde el 2012, un plan de manejo de plaguicidas. Muchas manos en un plato crean un garabato. En la contaminación del río La Villa intervino hasta el Ministerio Público. Varela se propone sustituir la Anam por un ministerio del ambiente. Se creará más burocracia para disfrute de panameñistas. El nuevo ministerio del ambiente debiera contar con recursos para cumplir en la práctica los derechos y deberes de la Ley General del Ambiente. El presupuesto del 2015 no tiene partida para el ministerio del ambiente.
El gobierno deberá adoptar decisiones que reencaucen las medidas dispersas sobre contaminación de alimentos y fuentes de agua derivadas del uso exagerado de plaguicidas y agroquímicos. Quienes alardean que por primera vez el gobierno de Varela se interesa por los agentes contaminantes están descubriendo la pólvora.