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Vía Grecia: ¿el último pulmón?


Guillermo Ávila (guillermo.avila@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Seis siglos antes de Cristo, comenzó a construirse lo que en ese tiempo era la mayor obra humana: la Torre de Babel. Lo cuenta la Biblia en el capítulo 11 del Génesis. El rey babilónico Nabucodonosor II ordenó edificarla como una manera de alcanzar el cielo. Pero a fin de cuentas tenemos limitaciones, dice la moraleja del texto. Yahvé lo puso en aprietos, reinó la confusión y todos sus obreros se dispersaron.

En Panamá, mientras el mercado inmobiliario apunta sus reflectores acá, los tiempos parecen no haber cambiado tanto: las inversiones en la construcción generan un ambiente desenfrenado de urbanización cosmopolita.

Entre el sector de Nuevo Reparto El Carmen y El Cangrejo, corregimiento de Bella Vista, existe una calle en forma de rotonda llamada Vía Grecia, que comienza y termina en Vía Brasil. En esas cuantas cuadras todavía se pueden apreciar aves de colores, mariposas y árboles que brindan verdor a un entorno aún familiar. Panameños y extranjeros residentes allí se sienten casi en un oasis.

Sin embargo, un arquitecto está empecinado en presentar una solicitud que otorgue a Vía Grecia la calificación de zona comercial. Más allá de su evidente interés creado –y detrás de él otros–, eso implica que este lugar quedaría abierto a toda clase de comercios. Restaurantes, discotecas, rascacielos, tranque, contaminación… otro caos como el que vive Calle Uruguay. Y ya se sabe lo que conlleva esto: drogas, prostitución, buhonería, suciedad, ladrillos y más ruido.

La ciudad de Panamá carece de un ordenamiento urbano básico. No hay suficientes áreas verdes y son pocos los espacios para vivir tranquilo. Una comparación ayuda: en París, las aceras de los campos Elíseos miden entre 10 y 12 metros de ancho. En nuestra zona céntrica hay espacios junto a la calle –que algunos osan llamar aceras– que no miden más de 30 centímetros de ancho.

Lo cierto es que, aunque Panamá está lejos de la época bíblica, los constructores y arquitectos deberían atinar que no les conviene repetir la historia de la Torre de Babel. Ni a ellos ni a la ciudad.