Guardián de la verdad
La lógica me indica que he de inclinarme ante la estrategia adecuada, observando con cuidado las diversas manifestaciones puestas a pruebas tendientes a orientarnos hacia los fines requeridos en este entorno evolutivo, procurando escudriñar las múltiples modalidades venidas a señalar los propósitos operativos, como metas pioneras alcanzables, denunciando las precisas penurias de un número plural indeterminado de personas, soportando las variadas angustias que asedian el pueblo llano. Jamás he podido ver un pobre idealista, orgulloso, dispuesto a defender sus criterios, disciplinado, respondiendo a la conducta positiva, fin último de la intachable cultura.
Condiciones adversas en extremos excesivas espían las tendencias puestas a pruebas ordenadas por los desajustados comportamientos, que yacen ansiosos de soluciones en el fondo de los anhelos incompatibles, todo motivado por las alteraciones emotivas de una vida distorsionada. Miremos de soslayo los comunes rincones de las calles de la ciudad hostigados de roedores, cucarachas, moscas, mosquitos y gusanos, indicándonos los hábitos inmundos de vieja data, intentando reñir con las codiciadas actitudes de la impoluta existencia moderna. Y si este hábitat hostil abunda en el núcleo de la metrópoli, qué podríamos decir de las afueras, aquí vive el llanto en fusión con los lamentos sin contención.
Han pasado 15 años, manifesté ante un nutrido grupo de personas que el agua iba a escasear y algunos rompieron a reír. ¿Pero qué está ocurriendo hoy con el sagrado líquido? Ya no vemos el llanto de la naturaleza convertido en billones de gotitas de agua acompañadas de truenos estrepitosos en abiertos gestos represivos. Muchas personas están frente al desliz de consumir agua del albañal para procesar sus alimentos cotidianos. El fenómeno de El Niño y La Niña enmarcan las diversas influencias sentidas por los variables cambios climáticos en el cosmos. El empleo desmedido de agua nos puede acarrear graves entuertos, llevándonos al colapsos, soportando lo que jamás pensamos nos podría acontecer.
Miremos la basura, ya no son "pataconcitos", sino montañas, y qué hacemos con la quema desproporcionada de los bosques, porque las autoridades se las pasan amagando y no dando, multas astronómicas perdidas en el vacío. Si promulgamos un concepto, ya sea acuerdo o ley se debe cumplir . Si esto continúa así, marcharemos como los astros rumbo al eclipse irremediable. Es la terrible hecatombe la que se perfila en el confuso horizonte donde los arquetipos del desastre somos nosotros mismos. Aquí la gente lanza todas las inmundicias a la calle y de este modo, nunca se podrán apresar los extraordinarios senderos de la admiración. Ya Panamá es una capital con celajes avanzados, en resumen, las avenidas hacia las afueras de la ciudad deben sumar ocho carriles para evitar así los comunes tranques.
Escritor