Guerra de divisas
Pese al escozor que esto causa en algunos elementos de los sectores dominantes, cuyas plumas a sueldo buscan desesperadamente desviar nuestra atención hacia temas que no guardan relación con el impacto del neoliberalismo global sobre Panamá, resulta imprescindible seguir reflexionando sobre algunos problemas que pueden llegar a afectar seriamente a nuestro país. Entre estos se encuentra la llamada guerra de las divisas, la que para algunos, como Guido Mantega, ministro de finanzas del Brasil, ya se habría desatado, mientras que para otros, como el profesor Nouriel Roubini, constituye un riesgo creciente.
Guerra de divisas no es más que un nombre de titular para lo que se conoce como devaluaciones competitivas, es decir un escenario en la que diversos países tratan, por medio de sus políticas económicas, de reducir el valor de sus monedas a fin de hacer más atractivas sus exportaciones y reducir sus importaciones. El origen de todo se encuentra en la relaciones entre Estados Unidos y la República Popular de China. En efecto, el primero de estos países que ha venido sufriendo una muy lenta recuperación, en condiciones en que por razones políticas se le dificulta una nueva ronda de estímulos fiscales, ha optado por una política de flexibilización cuantitativa, la cual conlleva aumentar la oferta de dólares, generando, entre otras cosas, la reducción del valor relativo de esta divisa frente a otras monedas. Por su parte China ha venido interviniendo el mercado, vía la compra de dólares, con el fin de evitar la apreciación de su yuan, con la finalidad de que sus productos no pierdan competitividad en los mercados norteamericanos. Esto ha llevado a que otros países en vías de desarrollo que basan su crecimiento en las exportaciones, como es el caso del Brasil, Corea y Tailandia, también hayan intervenido sus mercados con el fin de proteger sus exportaciones. El propio Japón ha reaccionado con una intervención de mercado, para evitar la apreciación del yen, mientras que en Europa el Banco Central Europeo ha evitado este tipo de política, de forma tal que países como Grecia, España, Italia y Portugal que necesitarían devaluar sus monedas con el fin de elevar sus exportaciones enfrentan una situación cada vez más difícil, pese a que la posición de Alemania parece estar asegurada pese a todo.
El problema es que estamos frente a un juego de suma cero, dado que las exportaciones de unos países son, necesariamente, las importaciones de otros, estamos frente a una política incapaz de resolver un problema que surge de el hecho de que la distribución del ingreso a nivel mundial, debido a la globalización, se hecho más desigual contra los trabajadores, generando una falta de demanda efectiva internacional. Se trata, eso sí, de una situación que puede desquiciar el comercio y las finanzas internacionales, por la vía de un ajuste deflacionario desordenado. Este, desde luego, tendría graves repercusiones sobre la economía panameña, pese a que las autoridades nacionales guardan un notable silencio sobre el tema. Una extraña posición para quienes apuestan por la apertura total.
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