Guerra y paz en Siria
Después de laboriosas mediaciones diplomáticas entre las partes, la ONU ha logrado que la oposición y el Gobierno de Siria deliberen sobre un acuerdo para el nombramiento de un régimen de transición que ponga fin a la sangrienta guerra y alcance una pacífica estabilidad. Montreux, localidad suiza conocida por los festivales de jazz, acoge a los delegados del gobierno de Damasco y de la Coalición Nacional Siria con la intervención de cerca de cuarenta países interesados en mediar en un acuerdo viable.
Los delegados de estos países tienen cinco minutos para exponer sus puntos de vista sobre el litigio. El quid de la reunión enfrenta la dificultad de la aceptación del presidente Bachar al Asad de abandonar el poder político que detenta su familia desde hace mucho tiempo, tal como lo demandan los rebeldes. Este es el requisito sine qua non de la coalición para sentarse a negociar con Damasco. Es posible que hayan obtenido un acuerdo previo a la cumbre Ginebra II en ese sentido.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el equipo de asesores tienen entre manos una papa caliente, como se dice, para obtener un convenio positivo en los cinco días de la cumbre.
En vísperas de la reunión se divulgó el informe sobre torturas y ejecuciones de miles de rebeldes perpetrados por el Gobierno sirio, además de otras revelaciones sobre el uso del mortífero gas sarín y otra clase de armas químicas que descubrieron expertos internacionales. La multiplicación de denuncias sobre genocidio contra la población civil justificaría, en principio, el procesamiento de Bachar al Asad ante la Corte Internacional Penal de La Haya.
Ante la opción de llevar al banquillo al gobernante sirio, no se descarta que la delegación de Damasco formule a los rebeldes la condición de liberarlo de cargos criminales ante el tribunal internacional para darle el visto bueno a la formación de un nuevo gobierno, que lo excluya. Aunque en el plano diplomático el régimen sirio atraviesa uno de sus peores momentos, mantiene el poderío militar para combatir a los disidentes.
La comunidad internacional presiona para poner término a una guerra civil que ha desangrado al país quizás en una dimensión humana superior a las cifras de los informes oficiales. La conflagración siria vulnera los derechos humanos y afecta a la región con el desplazamiento de millones de personas que sobreviven en condiciones lamentables en los campamentos levantados en la frontera con Egipto.
El nuevo statu quo de un gobierno provisional con predominio de la colación plantea incertidumbres y enigmas a los Estados que temen que Al Qaeda, Hezbollah, Al Fatah y facciones fundamentalistas que intervienen en la guerra interna pudieran alcanzar posiciones de predominio. Preocupa tanto la continuidad de la guerra civil como la viabilidad de una situación política de un régimen de transición pos-Damasco integrado por elementos terroristas afines a Al Qaeda.
Estados Unidos y la Federación Rusa observan de cerca el giro de la cumbre Ginebra II. El gobierno de Putin rechazó la intervención militar norteamericana y postuló la mediación diplomática. El estallido de actos de terrorismo llevados a cabo por extremistas chechenos permitirá apreciar si cambia su estrategia.