Había que acabar con Jesús
Incomodaba su presencia, sus palabras, sus denuncias, la capacidad de convocatoria que tenía, ya que arrastraba multitudes, los milagros y curaciones que hacía y las expulsiones de demonios. Era demasiado evidente que no era como los doctores de la ley, escribas y fariseos, que se centraban en el estudio y práctica de la ley; gente severa, seca, juzgadora de los demás y que no se mezclaban con el pueblo, menos con los pecadores. Un notable grupo del pueblo no cumplía las complicadas normas que querían imponer, y por eso eran rechazados. Tampoco Jesús era como los sacerdotes, seres alejados de la gente, muy enfocados en el templo, aliados con el imperio romano, muy amantes del dinero y que no creían en la resurrección de los muertos.
Incomodaba su presencia porque decía la verdad sin miedo a las represalias que siempre aparecen. Y es que en la mentira sistemática se tapan las astucias y trampas, las estrategias para dominar manipulando a la gente y el “padre de la mentira” Satanás siempre huye de la verdad y él no quiere, igual que sus secuaces, que sus obras sean vistas a la luz del día.
Jesús encaró al poder religioso y cuestionó sus actitudes y comportamientos: los acusó de ser raza de víboras y sepulcros blanqueados, hipócritas que imponen pesadas cargas a otros que ellos no llevan. Jesús incomodaba porque tocaba los intereses económicos de los sacerdotes haciendo ese acto profético de expulsar a los mercaderes del templo, haciendo descubrir una red bien tramada de negocios “religiosos” donde los mercaderes vendían diferentes especies de animales para que los penitentes pagarán sus pecados sacrificándolos. A más pecado, más sacrificios, más venta de animales y más dinero.
Incomodaba su presencia porque no aceptaba sobornos, no vendía su conciencia, no hacía alianzas con ningún poder de este mundo, no se arrodillaba ante nadie. Incomodaba porque presentaba a su Padre Dios como muy cercano a él, en un íntimo coloquio filial donde el “papá Dios” y él son “una sola cosa”, lo que es peor, hacer ver que es igual a Dios, esto para los radicales religiosos era la aberración teológica más absurda. Pero también incomodaba el no encontrar en Jesús ninguna falta moral, ningún delito. ¿Quién es este hombre que causa tanta conmoción, preguntas, reacciones a favor y en contra y que arrastra multitudes? También el Imperio Romano se sentía incómodo. Creían que Jesús iba a levantar al pueblo violentamente contra el César. Jesús fue asesinado por ser fiel a su Padre, con quien somos invencibles.