Hablando de política
El artículo del sábado pasado “Consejos a un joven político”, fue muy discutido en Chiriquí, y sospecho que también en otras partes del país. Alguien comentó que estaba de acuerdo con mis planteamientos, pero que no he debido poner el nombre del joven a quien lo dediqué, que eso había sido desleal con él, etc. Le explico a ese lector que yo no quería poner su nombre, pero el mismo joven me insistió que lo pusiera; y yo no iba a ser más realista que el rey.
Pero sigamos hablando de política. Hace unos veinte años vino a David el amigo Jaime Padilla Béliz, propietario del diario El Siglo, en el que yo escribía; y paseando conmigo por el centro de la ciudad quedó impresionado de mi popularidad. Los amigos salían al paso para estrecharme la mano; desde los carros gritaban: ¡Quiubo, Juan B.! Llegamos a un café, y varios contertulios fueron a saludarme; un señor llevó a su hijo: “Este es el señor Juan B. Gómez, el periodista”.
Padilla Béliz me expresó: “Juan, a ti nadie te gana una elección en David”. Pero yo le conté que toda esa popularidad no sirve de nada en unas elecciones. Fui candidato a diputado dos veces, y las dos veces quedé entre los últimos en las listas electorales. ¿ Y esto cómo se explica?- me preguntó. Le expliqué que en David, como supongo que sucede en todas partes en el país, lo más importante en una elección es el DINERO que se invierta; en segundo lugar, el partido que te postula; y que el elector no le da casi importancia al candidato mismo. Y como yo no gasté CIEN MIL DÓLARES, (ahora sería por lo menos un millón), mis incursiones electorales han sido fatales. Poco después, en la capital, Padilla me insistió en que probara una vez más. Y yo le dije: “Solamente le pido a Dios que me mantenga inalterable en mi convicción de no volver jamás a someterme a un escrutinio popular”. Definitivamente, yo no sirvo para eso.
Le conté a Padilla Béliz lo que le había pasado al gran político chiricano José Domingo de Obaldía. El señor De Obaldía era hombre de extraordinaria personalidad, gran talento, un caballero completísimo; estadista y orador de gran reputación. Y fue candidato a la presidencia de la República. Y ganó por una abrumadora mayoría. ¡Pero perdió en Chiriquí! ¡La única provincia en la que perdió José Domingo de Obaldía fue en Chiriquí! La única provincia en la que perdió fue la suya. Es la miseria humana que a veces aflora en ciertos hombres. Aquí sí que viene a cuento aquello de que nadie es profeta en su tierra. Pero dicen que José Domingo de Obaldía, como todo hombre grande, olvidó y perdonó a su querido pueblo chiricano. Lo ayudó en todo lo que pudo…
Se dirá que eran otros tiempos, que ahora el pueblo ha aprendido mucho y que vota a conciencia y no sometido al poder económico o demagógico. Perdonen, pero yo sigo pensando que las cosas siguen iguales que antes, y cuidado, que peores….
