Hablar de los placeres de la vida es hablar de comer
Hablar de comer y beber es hablar de gustos, sabores, temperaturas, colores, texturas, un poco de esto, un poco de aquello; pero al final del camino, es hablar si nos gusta o no…
Reuniones de negocio, almuerzos familiares, celebraciones especiales o simplemente una cena con tu pareja en ocasiones puede ser un dilema, sí, sobre todo cuando queremos pretender escoger por el gusto de los demás.
Explorar y conocer los sabores de las diferentes culturas se está haciendo cada vez más interesante, incluso el viajero moderno evita visitar los lugares “hechos para turistas”, es decir, a “donde todo mundo va”, muy al contrario se sumerge en los rincones que los lugareños frecuentan a la hora de disfrutar alguno de los alimentos del día, y se convierte en nuevas formas de turismo… el gastronómico y el enológico.
Adentrarse en el turismo gastronómico es una aventura de la que nunca querrás salir si estás dispuesto a realmente abrir tu paladar a sabores raros, únicos, conocidos y famosos por excelencia, variando por supuesto por la región en que este se cultiva, produce, procesa y prepara.
Panamá no es la excepción, a lo largo de 13 años de vivir en este bello país, me he dado a la tarea de conocer algunos rincones que hoy comparto y que seguramente encontrarán interesantes como alternativa en su próximo por los restaurantes del país.
tourSi bien es cierto la pizza es un platillo del dominio público, la frescura, los ingredientes, su aroma y una masa delgada y crujiente realizan la composición ideal, digna de saborearse en “El Café”, un diminuto restaurante ubicado en el Casco Viejo donde Manuela con su acento ítalo-panameño te brinda la mejor de sus sonrisas.
Ahora si quieres en verdad disfrutar de una pasta y una salsa fresca, debes visitar “Il Pianista”, en Boquete, donde Italia y Colón hacen gala de cocina y servicio, enmarcados por un río que corre a través del jardín que rodea este restaurante de estilo peculiar, pero de exquisito sabor, en el que “El Calzone” es quizá uno de los mejores que he probado en mucho tiempo, además de tener un sabor extremadamente fresco y lo sirven recién salido del horno.
Aprovechando el viaje a Chiriquí y Boquete debes hacer un alto y desayunar en “El Punto de Encuentro”, no te asustes, no es un lugar para emergencia o gente perdida, al contrario, es el lugar para reunirse a desayunar y degustar platillos a otro nivel, donde el hojaldre que se arrebatan los chiquillos y “El bistec con tortillas”, las cuales incluyen 2 quesos están para chuparse los dedos, más aún si lo acompañas de un batido de espectaculares fresas de Boquete…. No te lo imagines, ve a constatarlo.
Ahora si de platos para “Gente Grande” por su tamaño y de gran sabor se trata, debes visitar el Bistro Boquete…. ¡¡qué maravilla de lugar!! no solo por su excelente comida y porciones, sino porque la palabra “no” está prohibida a la hora de satisfacer a los comensales, pedimos cambios, combinaciones, porciones, etc. Y siempre con una sonrisa la respuesta fue sí, con mucho gusto.
A lo largo del camino de Boquete a Volcán nos encontramos con una variedad de vegetales no vista con facilidad en la ciudad y menos aún a pie de carretera: mazorcas, lechugas, zanahorias, papas, culantro, tomates alcachofas y cebollas son presentadas de forma balanceada y con tal limpieza digna de la mejor canasta de insumos para la cocina de la casa, basta ver el color de cada uno de estos productos para entender el porqué de su sabor a la hora de entrar en contacto con las manos del chef que las manipula, corta, cocina y finalmente sirve en cada platillo.
Bajando por Volcán, en Bambito nos topamos con un platillo que por razones obvias de frescura, temperatura y manipulación estaba en su punto….. la trucha, servida al mojo, con vegetales, con patacones, frita en salsa criolla, todo un festín.
Y si de postres se trata, no puedes dejar pasar las fresas con crema, las natillas y el helado hecho en casa, obviamente nos trajimos mermeladas hechas en casa para mantener el sabor del interior y recordar la frescura de su productos para posteriormente llegar y descansar para programarnos y visitar al día siguiente las plantaciones de café, la variedad de orquídeas y las granjas de leche, donde nuestros hijos descubrieron el arte de ordeñar tal como nuestros abuelos lo hacían en la granja donde hace más de 45 años disfrutábamos con mi abuelo de la tradicional “Polla” como desayuno, la cual incluía 2 yemas de huevo, una cucharadita de jerez y el sabor de la leche bronca, la cual entibiaba el vaso que con cuidado el capataz sostenía….. seguramente de ahí viene mi amor por el sabor del campo, de la tierra, de su verdor y de ese aroma tan peculiar de cada uno de los ingredientes que ahí nacen.
Esta es otra de las razones por las que me gusta tanto Panamá.