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¿Habrán resultado Colombia y Mérida?


Cuando se conoce lo que ha servido el Plan Colombia para atenuar el espiral de violencia en ese país y fomentar su pacificación del mismo, así como la Iniciativa de Mérida en el enfrentar la extremada violencia que se registra en México, tenemos que llegar a la conclusión de que gracias a esas agendas bilaterales de Estados Unidos con esos hermanos latinoamericanos, esas experiencias han resultado beneficiosas.

Resulta difícil pensar cuál sería esa realidad hoy en día en términos de secuestros, muertes violentas, mayor producción de droga, más tráfico de personas, de no existir esos programas, no perfectos ni mucho menos, pero que han generado expectativas muy positivas frente a la criminalidad creciente que desarrollan a su alrededor lucrativas actividades ilícitas cuyo único fin es saciar apetitos económicos insaciables, importándoles poco si en el camino destruyen sus propias naciones.

Las constantes críticas a estos masivos programas de asistencia contra el crimen organizado, parecieran venir de los sectores que les interesa menos control para que tales dañinas actividades puedan proliferarse sin ningún control y freno de las autoridades constituidas dentro de cada una de nuestros países. Lo peor es que pareciera que la única alternativa que ofrecen es la inacción de nuestros estamentos de seguridad, ante lo cual la crisis se agravaría.

Recientemente pude participar en Washington en una actividad académica en el Woodrow Wilson Center y otra en el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad George Washington, donde fueron expositores los embajadores de Colombia, Carolina Barco, y de México, Arturo Saruhkan. Sólo en Colombia, en donde la presencia del gobierno ahora llega a todo el país, bajando el número de secuestros a niveles por debajo del 80% de lo que existía en 2002, donde la pobreza ha sido irradicada 13% y un país, que se pintaba violento por donde se le viera, ahora muestra aumentos del 12% en el aumento de su turismo, son indicadores de que las cosas en Colombia van por el camino de algo mejor.

Fueron enfáticos al decir que “las drogas no es un problema de una región, ni para verlo como de consumidores y productores”. Es uno común de todos los continentes porque son todos los que sufren sus estragos, lo cual exige una estrategia global donde mancomunadamente participen a través de la cooperación y la coordinación entre los diferentes entes de seguridad. Pensar que algún día se acabará, sería de ilusos, pero de que se puede atenuar y los métodos para contrarrestarlos pueden afinarse, no existe la menor duda.

En estos esfuerzos, tanto Estados Unidos, como México y Colombia comparten sus experiencias con otras naciones latinoamericanas en la preparación de sus ejércitos y policías, a través de programas bilaterales o multilaterales estimulados por organizaciones como la ONU y la OEA.

gcochez@covad.net