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Hace falta líderes educados y cultos


En Panamá, hace falta la presencia de “líderes educados, cultos y honrados”. La ausencia de nuevos líderes democráticos, con conciencia moral y sensibilidad social, es notoria desde hace varias décadas. Pero aún quedan como reseña histórica memorias de hombres, tales como Belisario Porras, Eusebio A. Morales, Ricardo J. Alfaro, Octavio Méndez Pereira y tantos otros igualmente ilustres y dignos; hombres distintos de los que aparecen en los actos públicos, y en las bravuconadas de los días de soberbia incomprensiva que muchos desconocen.

Su pasión por Panamá, su devoción al pueblo y la sensibilidad que los movía frente al dolor ajeno a veces no se expresan sino en la intimidad, donde no se tiene nada que ocultar si para el público eran ya los hombres que imponían su personalidad y se habría a sus pasos el camino por donde no les dejaban transitar la inquina, la mezquindad y el odio de enemigos, inferiores ante sus avasalladoras personalidades. Supieron librar la batalla de su tiempo, de su generación, sin trepidar ni retroceder. Fueron distinguidos estadistas y maestros que se destacaron por respeto a la Constitución y las leyes de la República; pusieron acento y aliento a una conducta pública de gobernantes e intelectuales probos y responsables.

Esos valores morales, tienen mayor sentido y alcance para el progreso de Panamá porque con la libertad fomentada va creándose el espíritu de responsabilidad, se va acentuando en el panameño el respeto a la ley y el respeto a la vida. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? Casi medio siglo nos separa de no contar con un verdadero estadista. Después de restablecida la democracia en Panamá, y de haberse elegido 4 presidentes de la República por votación popular directa, aún seguimos padeciendo de un solo “líder auténtico”, de un “estadista” futurista y visionario.

¡Basta ya de dirigentes “politiqueros” nefastos! Individuos incultos, inmorales, mentirosos, corruptos y tránsfugas. Urge, pues, el surgimiento de líderes “con vocación de sacrificio”. Hombres y mujeres educados, cultos, honestos y capaces. Ha llegado la hora de luchar unidos por un verdadero “rescate y afirmación institucional y moral de la República”, para que perdure la devoción de la democracia panameña por sus más bravos y constantes luchadores.

Vale decir, por hombres y mujeres bien dotados, y bien preparados para la actividad a que patrióticamente dediquen sus esfuerzos; que posean temperamento combativo, corazón animoso que no se les encoja nunca ante el peligro y lleven en la inteligencia despierta cabal comprensión de la justicia y el bien común.

Pedagogo, escritor, diplomático.