Hacer docencia a través de los medios
Bien sabido es que en la actualidad, los medios de divulgación y publicidad han alcanzado un grado tal de difusión, que inciden de una manera directa en la plasmación del espíritu popular y en la formación de la conciencia pública. El periódico, la revista, la radio, la televisión, el teatro, el cine y el cartel mural son instrumentos de información, de ilustración o de recreación que se han adentrado en la familia como una necesidad permanente. Cuánto debe hacerse y cuánto debe predicarse para que los moradores de la tierra afirmen su cultura y encaucen sus sentimientos a fin de que los pueblos y las etnias se adoctrinen en los principios de la concordia, en las premisas del orden y en el credo de la confraternidad indestructible.
La prensa debe ser cátedra permanente de instrucción cívica y de orientación moral. El teatro y el cinematógrafo, exaltación de las virtudes y condenación de los vicios. La radio y la televisión, medios de recreación sana, honesta, de capacitación integral, de mejoramiento espiritual y de docencia efectiva.
Pero, lamentablemente, se olvidan estos presupuestos y se tergiversa el sentido funcional de esas maravillosas creaciones humanas, atendiéndose más a las demandas del goce instintivo y de las conveniencias materiales que al superior interés de la comunidad.
El índice de cultura de una nación está dado por el grado de civilización de sus componentes. Debemos esmerarnos al máximo para que la vida se desenvuelva de manera grata, practicando el ideal de servicio, atendiendo las demandas de la caballerosidad y la gentileza, respetando las honestas costumbres, cultivando buenas maneras y sacando ileso en toda contingencia el acervo de nuestra proclamada jerarquía humana. Dar a la masa ciudadana una cultura cívica, un bagaje de ilustración y una fuerza de entendimiento que la capacite para emplear con cordura, equidad y medida el atributo de la personal libertad.
Todo saber sobre la vida es un bien que estamos obligados a compartir con nuestros semejantes, si no queremos que se torne estéril soterrado en nuestro pecho, como el “tesoro de áureas monedas” que Harpagón guardaba en su arquilla para recontarlo a solas.
El niño es el fundamento básico de la sociedad. Tiene ganado el derecho a ser atendido, orientado y dotado con vistas a su futuro, que es el futuro de la Nación. Orientemos a la niñez y a la adolescencia por las sendas luminosas de fraternización universal: Es tarea docente de la Escuela, como también de los medios de comunicación social.
Pedagogo, escritor, diplomático.
