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Hacia la cultura del metro


A pesar de las excesivas incomodidades producidas por el proceso de construcción del extraordinario proyecto del Metro, con el cual se va a cerrar muy próximo una desazón del transporte urbano y de debate por más de 20 años, los habitantes de la ciudad capital y usuarios del interior van a experimentar un cambio radical en su forma de vida. La pesadez que se aprecia en diversos sectores y áreas críticas de Panamá, no se comparan con las bondades de este proyecto que, al igual que en otros países desarrollados, ha mejorado el nivel de vida de las personas.

Algo que para los panameños será una novedad, es historia antigua para otros países de Europa y América. En ese sentido, hay que reconocer la verticalidad del Gobierno frente a este proyecto que ya empezó y cuyos frutos mejorarán fundamentalmente la calidad de vida al ahorrar la familia, hasta tres horas diarias, las que pueden dedicar a otros menesteres hogareños y al descanso. La experiencia que tuve en la ciudad de Medellín, en lo referente al uso del metro, el cual atraviesa dicha ciudad, contagió la seguridad, el respeto, educación, limpieza, comodidad y el aspecto agradable que infunde. Los niños, los adolescentes y los adultos tienen allí una cultura del metro, que se pudo apreciar en letreros como “En este viaje los niños y mayores tienen preferencia”, para significar con ello, la preferencia en los asientos. Porque en verdad, eran centenares de personas que accedían a los más de 8 ó 10 vagones que se deslizaban por la ciudad de la “eterna primavera” en Colombia, según pude captar, los miles de usuarios que hoy día moviliza el metro en aquella ciudad, recibieron una intensa formación cívica casi 7 años antes de la inauguración, mediante una perfecta campaña educativa: no gritar, limpieza, hablar en baja voz, no comer ni cantar en el tren ni en las estaciones, ceder el asiento a los ancianos o a señoras embarazadas y con niños de brazos, en fin, querer una obra que es costosa para los panameños y, sobre todo, llamar la atención a aquellos que pretendan rayar o destruir un bien que va a redundar en beneficios positivos.

Sería largo enunciar las ventajas que este novedoso servicio en Panamá ofrecerá a la población que sufre un intenso holocausto para llegar a su puesto de trabajo o a la escuela. Destaco las ventajas económicas que va a representar este nuevo medio de comunicación. Y, particularmente, hacemos el llamado hacia esa nueva actitud frente al uso de un nuevo modelo de transporte y hacia esa alerta mental que debe adoptar el panameño. En esa dirección queremos apuntar en el rol del Ministerio de Educación, de los medios de comunicación social y de toda Institución que tenga acceso a la información de la gente para que, en el momento indicado, este nuevo sistema de transporte llene las expectativas esperadas y sus metas finales sean culminadas por los gobiernos futuros.