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Hacia la formación de un hombre nuevo


Hoy se inicia oficialmente el año escolar 2012 en todas las escuelas y colegios de la República. Aunque la improvisación ha sido el método de trabajo aplicado por el Meduca durante algo más de dos años y medio, aún no se percibe atisbo de cambio en la educación. Hay que planificar integralmente nuestra educación (sin más dilación), pensando en la niñez, la adolescencia y la juventud; en una sociedad panameña, en la que tengan vigencia renovada los valores humanos.

Enunciar tal demanda significa, como paso inicial hacia la realización de lo que con ella se postula, dirigir nuestros ojos a la Escuela, el gran vivero donde se forman las generaciones, para replantearse, con la experiencia de lo que vemos y sentimos alrededor nuestro, la cuestión de si la escuela oficial (básica y media, incluyendo a la Universidad), debe seguir solamente instruyendo y diplomando profesionales.

Ante los hechos que surgen de la experiencia mencionada, cabe preguntar si aquella no ha podido todavía abocarse a la tarea de instruir más allá de los limitados alcances de una pedagogía formalista (rutinaria), en la que el maestro se reduce a ser un simple transmisor de conocimientos, o si ha cumplido con la

exigencia de aplicarse a la formación integral del educando, nutriendo su mente y constituyendo su personalidad ética sobre la base de despertar en él el sentimiento de la responsabilidad social.

Si ha ocurrido lo primero, sería preciso expresar que nuestra educación básica y media continúa afectada por una grave omisión; y si ha ocurrido lo segundo, sería necesario establecer en qué forma aquella labor fue encarada, porque sus frutos, evidentemente, no pueden estimarse satisfactorios. Pero de cualquier modo que sea, lo que se necesita es que las aulas se conviertan en centros vivos donde se enseñe comportamiento para la convivencia humana; donde se inculquen en el niño y el adolescente, no solo por la letra fría del texto o la enseñanza discursiva, sino a través de una labor pedagógica que haga del maestro un artífice de almas, los principios capaces de formar intelectual y éticamente a las generaciones de mañana. Decimos la escuela, y debemos agregar la familia, porque esta, como el escalón básico de la organización social, ha de colaborar con la primera y convertirse en su auxiliar indispensable.

Formar un hombre nuevo significa, en primer término, no solamente instruir sino educar para ese gran oficio de ser hombre.

¡Saludamos a la Ciudad de Colón en el 160 aniversario de su fundación!

Pedagogo, escritor, diplomático.