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Hacia un gobierno libre de nepotismo

Por: Redacción 07/12/2015

La nefasta práctica del nepotismo, amiguismo, favoritismo fue desde el día 1 de julio de 2014, lo que ha caracterizado la administración del presidente Juan Carlos Varela. Las oportunas denuncias del hecho repudiable a través de los medios de comunicación frenaron en principio su práctica.

Aunque el muy citado principio de "igualdad de derechos" no es absoluto en la práctica, sí creemos en el libre acceso del talento y del mérito a todos los cargos públicos. Esto es, facilitar a todos el poder hacer valer su talento y aptitudes, porque de esta manera estimulamos la participación y el concurso democrático. Para el caso se ponen, como forma democrática, las dignidades, honores, cargos y preeminencias al alcance de todos los ciudadanos, por modesta y humilde que sea su procedencia. Vale decir, un sistema de carrera administrativa bien estructurado y aplicado en todas las instituciones del Estado.

Con fundamento en lo anteriormente expuesto, hoy día, para encumbrarse y llegar a ocupar altos cargos y empleos en la administración pública del Estado, es indudablemente el talento la mejor credencial. Pese a que en la práctica política no siempre se cumple este sano principio, está comprobado que, por ejemplo, el nepotismo, amiguismo y el favoritismo pueden procurar al hombre o la mujer ineptos cargos honoríficos y efímeras dignidades, pero en realidad, la verdadera aureola del prestigio, la dignificación del hombre o la mujer y su exaltación a los altos puestos del Estado, solo se obtienen cuando el político o el ciudadano unen a su claro talento, credibilidad, honestidad, sensibilidad social y carácter decisivo y valeroso.

Por eso mismo, no deben otorgarse las prebendas y empleos públicos solo a los individuos o personas de determinado credo político o ideológico, o a familiares, pues tal monopolio ilegal, inmoral y absurdo resultaría odioso.

El gobierno del Estado que selecciona cuidadosamente a sus servidores públicos y otorga los destinos con sujeción al mérito personal de los favorecidos, llega a tener servidores de gran valía, lo mismo en la administración y la magistratura, que en la educación y en la hacienda pública.

Si por el contrario, el nepotismo, el favoritismo, el amiguismo y las influencias son los elementos de medro en la política de un país (como acontece en Panamá hoy), entonces puede asegurarse que la nación demandará en vano estadistas, educadores, magistrados, administradores y científicos que mantengan la aureola del prestigio, que ha de colocarla a la altura de las naciones progresistas y desarrolladas.

Particularmente, los que llegan a ocupar altos puestos en el gobierno del Estado por sus propios méritos, son siempre atentos, ecuánimes, complacientes, reflexivos y bondadosos, mientras que los encumbrados por el nepotismo, el favoritismo o la intriga son, generalmente, déspotas, prepotentes, locuaces y groseros, amén de mediocres e ineficientes.

La calidad de los funcionarios y empleados públicos (desde el presidente de la República hasta el mensajero, trabajador manual o aseador de la oficina), determina la calificación que pueda merecer un determinado gobierno. ¿Cómo calificaría usted al actual gobierno?

En el caso de la administración de la justicia, de que dependen la libertad, el honor, los bienes y la vida de los ciudadanos, solo puede o debe ser desempeñada por jueces y magistrados cuya intachable probidad los ponga al abrigo de toda sospecha de prevaricación, cohecho y desdoro. La política no debe tener, en lo absoluto, ninguna influencia sobre las deliberaciones y fallos de los tribunales de justicia. Pero esto solo es posible cuando la independencia del poder judicial y del ministerio público está garantizada por un buen servicio de carrera judicial. ¿Existe o se practica este servicio en Panamá hoy?

Así, pues, para aplicar la Constitución Nacional y las leyes de la República con amplio espíritu de justicia e igualdad, es necesario, es fundamental que el Estado cuente con jueces y magistrados probos e independientes y con administradores fervientes, entusiastas defensores de la causa del bien común, alejados de las luchas de partidos y puestos honrada e imparcialmente al servicio de la nación panameña. ¿Qué opinión le merecen los actuales fiscales, jueces y magistrados tanto del Órgano Judicial como del Ministerio Público?

*Pedagogo, escritor, diplomático.

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Martes 28 de julio de 2026