Hacia un Panamá mejor
Nuestra historia, marcada por nuestra geografía, ha sido una constante y heroica lucha por la identidad nacional. Una excelente posición en un reducido espacio y con una limitada experiencia nos explica las enormes dificultades que hemos tenido que superar para avanzar en este valle de lágrimas en que se ha convertido el planeta.
Nacimos bajo un lema impuesto que ha pretendido convertirnos en servidores sacrificados del mundo, sin beneficiar a la tierra y a la gente que ha hecho posible brindar riquezas y progreso al intercambio económico de los continentes. En ese destino nos partieron y nos han usado como puente y soluciones desde el clima al dinero. En la defensa del derecho a usufructuar de lo nuestro, hemos luchado por generaciones.
El 9 Enero del 64 fue fecha culminante de esa lucha. Con ese objetivo, el pueblo en 1968 le dio el poder para seguir adelante a los principios panameñistas de nacionalismo y desarrollo social. Pero otra vez las transnacionales desviaron el objetivo y transformaron lo que debió ser un pueblo unido por la soberanía, en una lucha por la libertad. Hubo de todo lo negativo: Un espía negociando, violación de derechos humanos, desaparecidos, exiliados, oposición y sabotaje de los zonians, claudicación de grupos de izquierda que por volver del exilio cayeron en el síndrome de Estocolmo y se entregaron a la dictadura que inventó EE.UU. para firmar los tratados (Leopoldo Aragón), que nos pusieron otra vez bajo la bota del Pentágono como protectorado y condicionaron la soberanía económica del Canal.
El tráfico de armas dio paso a la invasión. Este seudonacionalismo, mala copia del panameñismo y disfrazado de populismo, ha sido trágico porque la oligarquía y los militares se dejaron usar por EE.UU. para dar una imagen falsa de revolución (privatizadores y tendencia). El panameñismo tuvo de emergencia que preparar las leyes para retomar el Canal bajo la presión posdictadura, con una Constitución militar, una economía neoliberal y privatizadora y saliendo de la violencia, que exigía paz.
En democracia, lamentablemente, la política neoliberal se ha mercantilizado y desprestigiado, se ha desideologizado, la corrupción y el enriquecimiento ilícito, el endeudamiento y la crisis de valores sociales y políticos ha puesto en riesgo la gobernabilidad. Otra vez, el pensamiento panameñista ha merecido la decisión del pueblo para retomar el camino de la dignidad, de la honestidad y la eficacia; del nacionalismo y el desarrollo social. Hemos superado una dictadura militar PRD y un autoritarismo de codicia salvaje; y el pueblo sabio ha elegido una ruta de democracia realmente del pueblo (demo) primero.
Estas experiencias nos obligan a todos a revisar los errores, a rectificar las desviaciones, a valorizar nuestras riquezas naturales, a enfrentarnos al mundo y el pro mundi beneficio convertirlo a un pro mundi servicio para un Panamá mejor. Tenemos que perfeccionar nuestra calidad humana en valores, ciencias, cultura, tecnología, civismo, social, educación, justicia, y con una clara visión del papel que desempeñamos en el concierto de las naciones para cumplir nuestra elevada función como ente de unidad del mundo y de los justos beneficios a que tenemos derecho, por contribuir al progreso universal.
En esta época competitiva sabemos que la macroeconomía, la banca mundial, la Ocde también tienen sus propios objetivos salvajes. Que las grandes corrientes del capitalismo como metodología y del socialismo como meta se disputan la mejor estrategia para desarrollar a sus pueblos. El tomar la más eficaz fórmula de desarrollo social y productividad, dando bienestar con justicia social a la mayor cobertura de ciudadanos, trabajadores y productores. Esa unidad de esfuerzos exige comprensión, caminar con inteligencia, ética, conciencia social, humanismo, normas estrictas y legales de acción y entendimiento. Negocio no es estafa, trampa y especulación. Inversión es empleo, producción y desarrollo. Varios partidos hemos pasado por confrontaciones, sacrificios y muchos tipos de graves daños que han dejado heridas muy profundas en ruinas económicas, vidas y dolores. Para recibir migaja de poder y algunas ventajas materiales, el oportunismo y las presiones internacionales económicas y políticas han distorsionado la unidad y la lucha social.
El progreso colectivo también lo es de los productores de buena voluntad. Social cristianos, socialistas, empresarios civilizados, sindicalistas encuentran su camino común en luchar por el pueblo primero. Esa, la razón de la definición electoral reciente, tiene que ser la práctica concreta de gobernar, no para el dinero, sino para la felicidad de los seres humanos. Es ideología fundamental. Para avanzar hay que eliminar la impunidad para no repetir los errores, hacer justicia y ponernos juntos a crear una constituyente, un macroplan multimodal logístico, una valorización de nuestro Canal en que la globalización nos tenga que dar las condiciones para que todos con dignidad y armonía, vivamos mejor con un pro Panamá beneficio.