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Hacia una estrategia de país


Es hora de que el Gobierno nacional inicie una jornada de debate sobre la construcción de consensos en torno a los proyectos de desarrollo de mediano y largo plazo para nuestro país.

El desafío es comenzar a dar cuenta de dos déficit que han acompañado nuestra existencia. El primero es la dificultad para trabajar sobre un horizonte de posibilidades que no se agote en la coyuntura política.

Desde un principio, la principal causa de frustraciones ciudadanas obedecía más a la conflictividad y la crisis partidista que a motivos estrictamente económicos. Hoy, la recuperación vigorosa de nuestra economía, las lecciones aprendidas y las expectativas favorables con que cuenta el Gobierno generan un momento oportuno para intentar avanzar hacia una visión estratégica del desarrollo del país.

El otro déficit a encarar es la ausencia o debilidad de la deliberación pública en torno a la búsqueda de consensos entre posiciones y actores diversos, sean estos ex mandatarios, empresarios, industriales, productores, funcionarios, académicos, sindicalistas, profesionales, docentes, jubilados, políticos, etc. En general, y salvando algunas excepciones, cada grupo o sector sólo debate y acuerda hacia dentro de su propio espacio y subcultura.

Por este motivo, es importante colaborar en la reformulación de nuestra estrategia de país, haciendo un esfuerzo por achicar distancias, explorar acuerdos y, aun reconociendo que la democracia implica conflictos, se pueda ir alumbrando una idea compartida de comunidad y de futuro.

En cualquier nación desarrollada que elijamos como punto de referencia, nos vamos a encontrar con ciertas constantes, como la permanencia de una agenda de Estado, la continuidad de decisiones en terrenos clave, la existencia de políticas claras de desarrollo, la presencia de una cultura proclive al consenso y la ausencia de decisiones improvisadas capaces de hondear al país de un extremo a otro.

El crecimiento económico que experimenta actualmente Panamá pone a prueba la coherencia, relevancia y sostenibilidad del modelo. Aquí está en juego la capacidad para equilibrar la realidad interna con el contexto internacional, el interés político con la perspectiva ciudadana, la subvención de la producción nacional con los acuerdos comerciales, y la aptitud e inteligencia de nuestros gobernantes con el compromiso de alcanzar una inserción diversificada y competitiva en los distintos mercados.

Resulta claro que de la calidad de respuesta que demos a las amenazas y las oportunidades que presenta el orden global dependerán los niveles de empleo, el salario y las posibilidades de ir mejorando paulatinamente la distribución del ingreso. Desde este punto de vista, es imposible pensar en una economía coherentemente exitosa que no haya ubicado el desarrollo social como un tema central de su estrategia de crecimiento con equidad.

Lo positivo es que ciertas contradicciones históricas van cediendo paso a una visión más armónica e integrada, como es la de escoger el libre mercado sobre una política de subsidios, o de explotar las oportunidades de los sectores importadores al mismo tiempo que se definen los criterios de transformación tecnológica y se apoyan los productores locales. Hoy pareciera haber consenso para pensar el desarrollo económico como un modelo de país de servicios integrado a una cadena productiva asociada a una economía diferenciada y competitiva, generadora de trabajos calificados y bien remunerados. En este sentido, dicotomías como la del Estado versus empresas ya no están atravesadas por interpretaciones ideológicas retrógradas. Hoy es posible encontrar coincidencias en torno a la necesidad de contar con un Estado activo, menos costoso, transparente y con capacidad regulatoria coexistiendo con una economía de mercado competitiva y eficiente, en el marco de reglas de juego claras y estables. De la misma manera, es predominante la visión de que el Tratado de Promoción Comercial con los Estados Unidos debe ser concretado en un corto plazo para alcanzar los beneficios que éste promete.

En síntesis, estamos convencidos de la necesidad de avanzar en dos líneas centrales: aportar a una perspectiva estratégica de nuestro desarrollo y trabajar en la construcción de consensos para ese fin. Sólo así, alcanzaremos la victoria.