Hacia una nueva civilización
Las noticias sobre el ambiente no son buenas para la vida. La crisis climática, tal como lo muestran importantes investigaciones recientes, se ha venido profundizando y acelerando. De acuerdo a una nueva publicación de la Asociación Meteorológica Mundial, en 2013 se observó que el incremento de la emisión de bióxido de carbono alcanzó el nivel más alto de cualquier año registrado desde 1984, esto llevó a que su concentración en la atmósfera alcanzara un nivel superior en 142% al existente antes de la Revolución industrial (1750). Tomando el mismo año de referencia, el incremento de los niveles de concentración atmosférica de otros gases invernaderos también resultaron notablemente elevados, con 121% para el metano y 253% para el óxido nitroso.
No solo se trata de problemas por venir. Se trata de riesgos que ya están presentes.
De acuerdo con la fuente citada, la cantidad de bióxido de carbono en la atmósfera habría llegado en 2013 a 396.0 partículas por millón (ppm), con la perspectiva de que, de mantenerse el actual ritmo de emisión, entre 2015 y 2016, es decir, a más tardar en los próximos dos años, se estaría superando el umbral de las 400 ppm. La organización Greenpeace va más allá, al señalar que de acuerdo a las mediciones realizadas en Mauna Loa, el nivel de 400 ppm habría sido superado entre el 9 y 10 de mayo del presente año, y destaca, además, que se trata de una cota que no se había observado nunca, ni desde el inicio de los registros en este observatorio (1958) ni en los 800,000 años anteriores estudiados mediante los registros del hielo.
El umbral de las 400 ppm se estableció como una barrera que no debería ser traspasada con el objetivo de intentar estabilizar la temperatura del planeta. Algunos científicos importantes, como James E. Hansen, profesor adjunto en el Departamento de Ciencias Terrestres y Ambientales de la Universidad de Columbia y quien hasta principios de 2013 dirigió el Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la Nasa, han llegado a señalar que para evitar una catástrofe ambiental hace falta reducir la concentración de bióxido de carbono a un nivel de 350 ppm.
El problema radica en que, de acuerdo a los cálculos de la comunidad científica, se puede concluir que un incremento de apenas dos por ciento de la temperatura global, generado por el efecto invernadero, puede desencadenar procesos de retroalimentación, es decir, fenómenos que se autorrefuerzan, que llevarían a modificaciones en los patrones climáticos del planeta, lo que provocaría la desaparición de una buena parte de las especies que hoy habitan el planeta. De acuerdo con Hansen, esto podría llevar a la desaparición de las dos terceras partes del mundo animal y vegetal, así como de miles de millones de seres humanos.
No solo se trata de problemas por venir. Se trata de riesgos que ya están presentes. Es así que según una publicación reciente del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, actualmente existen ocho riesgos que claramente surgen del proceso del calentamiento global. Estos, que están vinculados a los efectos sobre la población humana, se refieren a riesgos relacionados con disrupción de las condiciones de vida, la muerte y las enfermedades. También se refieren a riesgos vinculados con la caída de los ingresos, la inseguridad alimentaria, la carencia de acceso al agua potable, la destrucción de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad.
El día 23 de septiembre se celebró en Nueva York una cumbre sobre el cambio climático auspiciada por Naciones Unidas, esta fue precedida por una enorme marcha realizada en esa misma ciudad el 21 del corriente, la cual fue replicada, aun cuando modestamente, por un grupo de panameños unidos por la clara conciencia de pasar de las palabras a la acción. Estos acontecimientos marcan dos hitos importantes.
En primer lugar, se trata de la primera vez que Naciones Unidas abre la discusión de cambio climático más allá de los representantes gubernamentales. En segundo lugar, se trata de un momento en que a nivel global diversas fuerzas, como los trabajadores asalariados, los campesinos, los representantes de los pueblos originarios, las mujeres, los ambientalistas, los intelectuales y las personas de buena fe, unen sus fuerzas para salvar al planeta. Esto podría representar el inicio de una amplia coalición que apunte hacia una nueva civilización socialmente incluyente, con justicia social y con pleno respeto a la madre Tierra. Se trata de una nueva conciencia que entiende que el actual modelo basado en la búsqueda insaciable del lucro resulta inhumano y destructivo, por lo que hace falta un nuevo modelo centrado en la solidaridad humana.