Hacia una política nacional de seguridad
Ante el fenómeno antisocial que informa el preocupante incremento de la delincuencia en nuestro país, se me ocurre pensar en la posibilidad de que el Ministerio de Seguridad podría convocar a diversos ministerios e instituciones a una mesa de trabajo para la creación de una “política de seguridad nacional contra la delincuencia”. Seguramente que, de llevarse a cabo este ejercicio, se pondría de manifiesto uno de los principales problemas que enfrentan la creación y la ejecución de tal política, a saber, la cantidad y diversidad de instituciones que deben participar y activarse eficaz y concertadamente en la prevención y control del delito en Panamá.
En busca de un mecanismo que permitiera mayores niveles de coordinación entre los organismos del Estado, se creó durante la anterior administración el Ministerio de Seguridad; los ámbitos de acción, las atribuciones y los organismos dependientes del nuevo ministerio, y se estableció un esquema institucional que fuera mejor que el anterior Ministerio de Gobierno y Justicia.
Es un hecho comprobado que la delincuencia es un fenómeno multicausal y es tarea de la nueva institucionalidad crear e instalar una política nacional de seguridad ciudadana que se base en evidencia empírica, establezca responsabilidades claras e introduzca mecanismos de control de gestión funcionales a la reducción del delito. Lo anterior supondrá, también, mayores niveles de sofisticación en la asignación de recursos y es conveniente que ellos se incorporen desde ya a la acción del Estado.
Por ejemplo, tenemos un caso que no admite discusión: el director de la Policía Nacional anunció hace un par de semanas la necesidad de tomar serias medidas para frenar acciones como las que lamentablemente se han dado con la participación de algunas unidades de la institución en actos delictivos.
Existe consenso con respecto a la necesidad de realizar una depuración en el personal de la Policía Nacional, mejorar el servicio de vigilancia diurna y nocturna y dar respuesta a la tradicional preocupación ciudadana por la delincuencia, que debe consistir en incrementar el presupuesto asignado a las instituciones de control del delito (policía y sistema judicial y penitenciario), y reducir así los déficits que se estima ellas tienen. Sin embargo, ha faltado una discusión más profunda en cuanto a qué objetivos específicos se busca lograr.
Los crímenes, asesinatos, robos y asaltos consumados en los últimos meses son de índole preocupante, ¡de espanto! Aunque Panamá no es terreno abonado para delincuentes (narcotraficantes de droga, maras, mercenarios, tránsfugas, sicarios, ladrones de cuello blanco, ladronzuelos, prostitución, etc.), las semillas de estos males sociales están germinando con tendencia a echar hondas raíces en nuestro suelo. Si la delincuencia no es atacada oportunamente con la estrategia adecuada, cuando se haga será muy tarde.
Como conclusión a lo expuesto, conviene reafirmar puntos que estimamos esenciales: a) La seguridad nacional ha de ser dinámica y flexible; b) El Estado tiene como exigencia esencial dar seguridad a sus componentes: comunidad nacional, territorio y Gobierno, a fin de permitir plena soberanía, que es el integrante más importante del Estado; c) La seguridad nacional es un concepto integral, que depende de la administración que se haga del poder nacional; d) Hay una absoluta interdependencia entre desarrollo y seguridad: es inadmisible la ausencia de uno de ellos; d) La seguridad nacional no depende solamente de la capacidad ni del respaldo financiero que las naciones tengan, sino de factores intelectuales y morales, como organización y motivación, respectivamente.
La comprensión de los conceptos de seguridad nacional serán, pues, un medio adecuado y útil para que los panameños, especialmente aquellos que han tenido acceso a una formación académica superior, distingan los factores que inciden esencialmente en la realidad nacional y así se forme una poderosa corriente de opinión que nos impulse a obtener los objetivos nacionales, basados en principios democráticos y en el concepto de cultura. La estrategia para ello estará basada en el trabajo honesto, el orden, el estudio, la austeridad, la justicia social y la férrea unidad nacional.
De avanzar en este sentido, el país desaprovecharía el poder frenar el incremento indiscriminado de la delincuencia en todo el territorio nacional.