¿Hacia una tormenta perfecta en la seguridad alimentaria?
Diversos organismos de las Naciones Unidas han venido llamando la atención sobre el peligro de que se repitan las condiciones de la crisis mundial alimentaria de 2007 – 2008. Es así que la FAO y el Programa Mundial de Alimentos, con base en lo que se puede calificar como una advertencia dramática, han demandado la puesta en práctica de acciones urgentes, a fin de “asegurar que el actual choque de precios no se convierta en una catástrofe”.
Los recientes hechos del mercado mundial de alimentos confirman la preocupación de estos organismos. Es así que a principios de este mes, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos reiteró su pronóstico a la baja de la producción de maíz, al anunciar que para este producto la cosecha del presente año sería inferior en 13% a la del año pasado, agregando que para el caso de la soya, la caída de la producción en la actual campaña agrícola sería de 14% en relación con la anterior. Esto último, junto a una significativa caída de las exportaciones de soya del Brasil, llevaron a un nivel “record” los precios de este bien, superando los altos niveles observados entre 2007 y 2008.
A todo esto, de acuerdo con la información disponible, también se debe sumar la difícil situación que se perfila en la producción de trigo, teniendo en cuenta los problemas de calor y sequía que afectan a la Federación Rusa y Kazhastan, los que han provocado una caída de 4.1 millones de toneladas en la producción mundial de este importante bien alimenticio.
En nuestro país, en la que a los problemas de abastecimiento mundial se suma la despiadada especulación de quienes comercian con los bienes básicos, la tormenta perfecta ya parece estar presente. De acuerdo con las estadísticas más recientes del INEC, la tasa anual de crecimiento del precio de los alimentos es de 9.2%, mientras que en el caso de las comidas fuera del hogar, esta llega a 13.0%. Así mismo, este organismo registra, para el caso de los distritos de Panamá y San Miguelito, tasas muy altas de crecimiento anual en el precio del pan fresco (11.2%), las cremas y harinas (18.8%), las pastas (9.2%), así como en las carnes (11.1%), la leche (9.5%) y los huevos (14.7%). Se trata de una situación que ocurre mientras que la producción interna se deterioró al extremo que la producción del sector agropecuario panameño en el 2011 fue inferior en 5.0% a la que logró en el 2008, una caída que en términos “per capita” alcanza al 10.0%.
Nos encontramos en una situación que reduce significativamente el bienestar de prácticamente toda la población, mientras que pone en serio riesgo a una buena parte de la misma. Frente a ello, las autoridades han mostrado una completa desidia en relación con la producción de alimentos, así como una actitud cómplice frente a la especulación comercial. ¿Qué más se puede esperar de un gobierno al que solo le interesa su reelección?
Economista.