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Hambre de libertad y sed de convivencia


El globalizado mundo tiene hambre de libertad y se subleva contra las medidas de represión. La rabia del pueblo, cuando ve que sus gobernantes son corruptos a más no poder, o que sus vocabularios y obras son dictatoriales, estalla por las calles del planeta y parece que se contagia la revolución. Esta situación no tiene otro desencadenante que los problemas de la miseria y la ausencia de liberaciones. Todos necesitamos ser dueños de nuestra propia vida y reencontrarnos con la vida que nos pertenece o que deseamos sobrellevar. Oriente y Occidente no deben interferirse, pero sí ayudarse. El Norte y el Sur tampoco debe interceptarse, pero sí socorrerse. Desde luego, medio orbe precisa una mayor democracia, no de gestos, sino de conciencia, de actitudes. Y el otro medio, requiere de una mayor generosidad humana.

No se puede consentir la vulneración de derechos humanos. ¡Jamás! Debemos asumir la responsabilidad de proteger al hambriento de libertades y, cuando sea preciso, debemos actuar en consecuencia, en todo caso, más pronto que tarde. Aunque es verdad que tampoco es libre el que se ríe de sus esclavos, porque le dominan sus maldades, estamos ante una oportunidad excepcional de mostrar respeto y comprensión hacia los movimientos en favor de una mayor democracia en los países árabes.

En cualquier caso, no se debe intentar curar el mal por medio del mal, aunque la ansiada libertad se haya convertido en un privilegio de algunos. También los pueblos necesitan aspirar por sí mismos, sentirse libres y liberados.

corcoba@telefonica.net