¿Hasta cuándo?
Internado en la escuela preparatoria Assumption, aislada pero lindante, ubicada sobre el 670 West Boylston Street del sector de Greendale en la ciudad de Worcester de la mancomunidad de Massachusetts en Nueva Inglaterra, esa fría y borrascosa tarde de otoño me encontraba con el padre Joseph Fredette planificando las 21 medallas al mérito, requisitos para el grado de Águila, el más elevado en los Boy Scouts of America. "Jaime, quiero que se integre al Club de Rifle para aumentar su pericia y se haga acreedor a la medalla de tiro con rifle. Para ello tendrá que adquirir una carabina Winchester, calibre 22. Sus padres tendrán que firmar el formulario de aprobación y cancelar los $16, más $2 del costo de 3 cajas de 50 balas". Fuera de los fósiles rifles de reglamento M-1 de la Guardia Nacional, los únicos que había avistado de cerca en mis primeros 14 años eran aquellas oxidadas escopetas que portaban los cazadores en Chepo.
Solo el 4% de los Boy Scouts logran el grado de Águila, que en realidad es un gran privilegio y honor, no solo porque obliga pericia en múltiples áreas, sino por la persistencia requerida y los años de trabajo que exige. Ya en la academia militar de Valley Forge durante mis verdores universitarios, logré obtener adjuntamente la medalla de experto en rifle de las fuerzas armadas americanas. Nunca disparé contra un ser vivo, mucho menos se me pasó en mente hacerlo contra un humano. Es así como hoy puedo relatar sobre el tema con profundo conocimiento de causa. La Segunda Enmienda a la Constitución de EEUU, parte de la llamada Carta de Derechos, aprobada el 15 de diciembre de 1791, dictamina: "Siendo necesaria una Milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar Armas no será infringido". Otorgando la atribución a la posesión de armas, ratificada el 28 de junio de 2010 por la Corte Suprema de EEUU que sentenció que ninguna ley estatal o local puede restringir el derecho a poseer o portar armas que reconoce la Segunda Enmienda.
En mis años como cadete me asocié transitoriamente a la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), poderoso gremio que aglutina 5 millones de asociados. Es la NRA que ha financiado las campañas a políticos estadounidenses, senadores, representantes y presidentes, que favorecen su credo armamentista, candidatos republicanos en su mayoría autocalificados como "conservadores". ¿De qué? De homicidios múltiples. Y la carnicería continúa. Solo en 2017, se suman 273 incidentes en los que 4 o más personas han resultado heridas o muertas en EEUU. La cantidad de perecidos por año a la fecha totalizan 11 mil 698. Del 2001 al 2014, 440 mil 95 fallecieron víctimas de armas de fuego en suelo estadounidense mientras las muertes por actos de terrorismo sumaron 3,412. El año pasado, la NRA publicó una serie de cuentos infantiles, buscando estimular el deseo de los niños por contar con sus propias armas. Caperucita Roja, Hansel y Gretel, cuentan ya con nuevas versiones "armados hasta los dientes", dedicadas a un público que desee inculcar esa visión del mundo a sus hijos. ¡De espanto!
El asesino de la matanza de Las Vegas poseía 42 armas de fuego. Cuando mi prima Lorena nos invitó recientemente a compartir unos días en su casa en San Antonio, Texas, se sorprendió cuando le indiqué que no volveríamos más porque a partir del año pasado entró en vigor una nueva ley de portación abierta de armas de fuego, que permite a los texanos que tienen licencia para portar armas de manera oculta ahora la porten en su funda, a plena vista, como en los tiempos del Viejo Oeste. Cuando un millonario de 64 años, sin historial psicótico ni delictivo, asesina 58 personas, hiriendo a 489 otros, y resulta en la peor matanza en serie en la historia de EEUU, ha llegado el momento de enfrentar y tratar este tema, a pesar de que algunos argumentan que prefieren la libertad a la seguridad. ¡Descomunal demencia! ¿Hasta cuándo?/ Líder empresarial