¡Hasta cuándo el Apocalípsis!
Según los organizadores, unas 300,000 personas -incluidos el secretario general de la ONU, el ex vicepresidente Al Gore y Leonardo DiCaprio- se manifestaron en la víspera de la Cumbre sobre el Clima para exigir una “acción” urgente contra el cambio climático. Marcho por mis hijos… para que puedan vivir… sin preocuparse de que la próxima gran tormenta destruya sus hogares, afirmó uno de los participantes. ¿A qué tormenta se refiere? Evidentemente creyó la masiva propaganda oficialista -dedicada a asustar a las personas- que asegura que semejante tormenta podrá venir “si no se hace algo” para reducir la emisión de CO2 que amenazaría al medio ambiente. Como es un especialista, evidentemente su afirmación solo proviene de la fe oficial.
Mi impresión es que las temperaturas hoy son las mismas que cuando era niño pero, debo reconocer que este no es un criterio científico. Y como tampoco soy especialista, debo escuchar las opiniones y no creerle sin más a la propaganda oficialista. Hay científicos que niegan el calentamiento y, entre otras pruebas, aseguran que el hielo del Ártico, observable en fotos de la NASA, desde 2002 hasta 2014 no ha variado en promedio y hoy está por encima de 2012 cuando ocurrió un excepcional deshielo por causas naturales. En el verano de 2014 quedaron 5 millones de km2 de hielo marino, mientras que en 2012 fue de 3 millones.
Hay también de los que dicen que sí hay un cambio climático, pero que se debe a causas naturales en las que la mano del hombre o el denominado efecto invernadero producido por el CO2 no tienen responsabilidad. Los detractores de la fe oficial, tienen razón al decir que el “cambio climático” parece ser un gran negocio. Existen importantes intereses, tasas, impuestos, sanciones, noticias sensacionalistas de los grandes medios de comunicación, etc. que esconden enormes sumas de dinero que se reparten instituciones como la ONU.
Pero del otro lado también habrá intereses económicos, de modo que tampoco este es un criterio serio para decidir quién es “el bueno de la historia”. Así las cosas, no sé quién tiene razón pero desconfío de quienes se aferran a la violencia para “imponer” sus verdades, por aquello de que el que se impone brutalmente es porque no puede hacerlo razonablemente. Y los oficialistas cuando dicen “hacer algo” respecto del cambio climático se refieren a que los gobiernos utilicen el monopolio de la violencia estatal para imponer su verdad.
Y desconfío de quienes asustan a los niños, como la Comisión Europea que promueve un “cuento infantil” llamado Un Calor Achicharrante que dice barbaridades como que “Tomás disfrutaba del campo… ¡cuánta paz! De repente… ¡Oh, no!... Una espesa columna de fuego… Pensó en su amiga Lila… Suplicó… que las llamas no la hubieran atrapado… Los bomberos… luchaban contra un monstruo rojo”. Monstruosidad es que esta propaganda barata llegue a los niños con el fin de asustarlos. Esta cultura depresiva ha inventado situaciones apocalípticas desde que el hombre existe y jamás se cumplieron. Es hora de ser realistas, de ser optimistas, de creer en la vida.