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Hasta cuándo Noriega

Por: Redacción 03/07/2015

El general Manuel Antonio Noriega nació en Panamá el 11 de febrero de 1934. Fue líder castrense y gobernante de facto de Panamá. En los años 1983 hasta 1989 asumió una fuerte dictadura que mantuvo a Panamá en una grave crisis económica, social y política. En 1989 los Estados Unidos de América invadieron a Panamá causando un caos total en todo el territorio buscando al gran hombre. Los más afectados por esta búsqueda incansable fuimos los ciudadanos. Hoy día no me cabe en la cabeza cómo un equipo tan avanzado de militares, soldados o como quieran llamarle, no pudo entrar al país y simplemente llevárselo, sino que nos afectaron a todos los que vivimos esta etapa terrible de la historia patria.

Pensemos un momento, ¿Panamá merecía esta invasión? Por supuesto que la respuesta es negativa, ya no podemos cambiar la historia, pero, detallamos esto en nuestros libros de historia, para que los niños y mayores de edad sepan qué pasó hace 20 años en su país. Lamentablemente no se encuentra detallada en la historia ni en nuestros textos. Solo nos enfocamos en la culpabilidad de Noriega y aunque es justo que pague por sus delitos, todo lo que cometió no tiene justificación. Pero hoy día vemos un hombre arrepentido pidiendo perdón ante las cámaras no solo a los que afectó física y psicológicamente, sino a todos los panameños. Al parecer no es suficiente todo el castigo impuesto a este hombre, primero pasar cárcel en Estados Unidos, luego en Francia y ahora cumpliendo su pena en Panamá. Pienso que ha pagado con creces todo el daño causado. Y quiénes somos nosotros para seguir torturando a este hombre de edad avanzada que lo único que pide a sus ochenta y tantos años de edad es estar junto a sus familiares y morir en paz.

A mi sano juicio me toca elevar una voz, no para excusar a este hombre sino para que nos pongamos la mano en el corazón y no seamos tan inhumanos, que viendo a un hombre de edad avanzada, el cual no puede sostenerse por sus propios pies, permanezca retenido. Somos hombres e hijos de hombres, por lo cual nuestra naturaleza por sí sola nos hace pecadores y quién puede decir que está libre de culpa, pues no pongamos más el dedo en la herida de este ser creado por nuestro Padre celestial y dejemos que sus últimos días tengan alivio a su alma; el peor castigo es el que nos brinda nuestra conciencia y estoy más que segura que su conciencia no lo deja vivir. El que esté libre de pecado, que tiré la primera piedra.

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Viernes 31 de julio de 2026

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