Hasta la vida, Madiba
En el pasado he escrito acerca del legendario Nelson Mandela. Madiba se ha ido, mas no su legado. Toca a los que aún seguimos aquí interpretar y promover sus enseñanzas de reconciliación y tolerancia. 27 años privado de su libertad no fueron suficientes para quebrantar su espíritu de lucha ni impedirle conducir a su pueblo durante el primer quinquenio de democracia sudafricana. Todos lo recordaremos con cariño, como un pariente cercano que ha partido.
Mi primera imagen viva de “Tata”, como le solían llamar sus más allegados, es la de su entrada al recinto parlamentario en Ciudad del Cabo en febrero de 2001. Jamás había visto tantas muestras de regocijo que una sola persona cause en otras. Los bailes, gritos y cantos que su presencia provocó erizarían los pelos al más insensible ser. Para mi gran dicha y suerte, pude visitarlo semanas después en sus oficinas privadas en un suburbio de Johannesburgo, donde me recibió junto a mi esposa e hijos. Durante media hora conversamos de nuestros países y de su esperanza y visión de que África y Latinoamérica conformasen un solo bloque económico y político a favor del resto de la comunidad Sur-Sur, ya que él reconocía los lazos históricos y culturales entre ambas regiones. Ese día me honró con firmar mi copia de su obra “Long walk to freedom”, que aún conservo en mi biblioteca y que a mi muerte será donada a nuestra Biblioteca Nacional. Lo vi por última vez, a distancia, durante la apertura de las sesiones del Parlamento de 2010. El martes 10 de diciembre me correspondió la honorable misión de representar al Gobierno Nacional y a todos los panameños en la presentación de nuestros últimos respetos al ícono durante las honras fúnebres ofrecidas por el Estado sudafricano ante todas las miradas del mundo.
En este país muchos han manifestado su temor de una “Sudáfrica sin Mandela”. Me parece exagerado y pesimista, ya que siempre estará presente en cada sudafricano, porque gracias a él hoy se respira, a pesar de todos los problemas sociales, un aire de convivencia y libertad que antes de 1994 no se experimentó. La reconciliación percibida en esta nación es la prueba fehaciente de que los humanos, más allá de nuestras diferencias, podemos perdonar y reconstruir sobre las cenizas de nuestros errores y con una perspectiva sobre un mejor mañana para todos. Él así lo habría querido. Ahora solo nos resta decir: “Descansa en paz, Madiba, velaremos para que tus principios y enseñanzas perduren por siempre”.