Hay muchas razones para sostener la UP
Nacida en octubre 1935, la Universidad de Panamá ha sido a lo largo de ocho décadas el motor de la intelectualidad de la nación panameña. Los miles de profesionales de la salud, que curan en hospitales; los humanistas, los educadores, que enseñan; los ingenieros y arquitectos que construyen; los economistas, administradores y abogados, los biólogos, químicos, físicos y matemáticos, en fin. En cada espacio de la vida institucional del Estado y sector privado, ahí está presente la Universidad de Panamá con la gente que ha graduado.
Las cifras de los graduados han crecido, gracias a la cobertura institucional. Solo en 22 años (1990- 2012) se entregó títulos a 139 mil 596 panameños, con 6,000 egresados por año. La UP construye los fundamentos de la intelectualidad de la nación, y lo hace con una proyección extensiva. Ella está presente en gran parte de la geografía nacional y su crecimiento responde a las necesidades del desarrollo nacional. Contamos con 19 facultades; 10 centros regionales, dos extensiones docentes y 31 programas anexos. Contamos, además, con 13 institutos de investigación, centros de investigación, laboratorios científicos, centros de innovación instalados en cada sede regional. Ofrece 160 carreras, 110 programas de posgrado. Este desarrollo institucional requiere de sostenibilidad financiera.
Es cierto que en los últimos años se ha registrado una baja de la población estudiantil. Pero, paralelo a esto, están las transformaciones cualitativas que desarrolla la institución. La nueva expresión universitaria tiene, obviamente, un costo que se justifica a través de los beneficios sociales que se obtienen al llevar la educación superior desde el campus central a todas las regiones del país, incluidas las comarcas. Y esa educación superior tiene que ser, como se establece en la Constitución Política, impartida con la misma calidad a la que se ofrece en el campus central.
Esto dice que la universidad que necesita el país es la universidad que tenemos, pero que hay que mejorar. La actualización implica un reto permanente, ya que la "calidad" de lo que hacemos es una condición que no se repite por sí sola, sino que responde a la dinámica natural de ir amoldándose a los avances que se dan en el mundo científico, tanto en los contenidos como en los métodos.
Hay un aspecto más. El "Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares" es un instrumento de paz y prescripción de las armas nucleares. Este tratado asignó a Panamá la instalación y administración de una de las estaciones de radionucleidos de la red internacional de vigilancia para el cumplimiento de dicha norma. El Gobierno Nacional, en 1997, solicitó a la UP que se encargara de organizar la estación. Esta, con financiamiento de la Naciones Unidas, inicia en el campus central desde el 2002. Son nuestros profesionales e instalaciones los que dan seguimiento a la detección de partículas radiactivas y de gases radiactivos ya certificados desde 2013.
Cabe anotar que en Centroamérica y el Caribe solo hay cuatro de las 80 estaciones mundiales de este tipo. Dos son administradas por Francia (Guadalupe y la Guayana francesa) y una por los Estados Unidos, en la Florida. Panamá es el único en la región que, sin ser potencia nuclear, administra una estación de este tipo, y lo hace a través de la Universidad de Panamá, única institución académica en la región que atiende semejante responsabilidad.
Docente universitario