Hay que activar la transparencia
El mundo, en los próximos años, tiene que prioritariamente activar la transparencia y fomentar el acercamiento entre culturas. Sin duda, la ciudadanía tiene que sentirse unida y, a la vez, emancipada de toda cadena dominadora. La prepotencia de las ideologías, el acoso dominante de los pudientes, la persistente dependencia de la tesis económica nos vienen desplazando a una realidad mundana, sin horizontes ni esperanzas.
Ciertamente, navegamos en el desequilibrio, y esa falta de juicio nos está llevando a tantos callejones sin salida, que nos dejan sin esperanza alguna. Quizás tengamos que abrir las puertas del corazón mucho más. Precisamente, durante estos días, Estrasburgo (el 2 de mayo), Bruselas y Luxemburgo (9 de mayo) han abierto las diversas instituciones con el fin de celebrar el Día de Europa, de una manera festiva y divertida para toda la familia humana.
Sabemos que las instituciones por sí mismas no pueden solventar nada, tenemos que ser toda la ciudadanía la que decida asistir a los más débiles y a los que sufren. Por eso, siento un gran dolor cuando constato que el mundo todavía discrimina por razón de ideología, religión, raza o pensamiento. De ahí, la importancia de que cada 9 de mayo, la Unión Europea no escatime esfuerzos y celebre la paz y la unidad en el día de Europa. Indudablemente cada gesto es significativo, pero son las ideas las que han de unirnos y, más en un tiempo como el actual, donde parece que todo lo conducen las máquinas, en lugar del mundo del conocimiento.
Es verdad que con el discernimiento se acrecientan las dudas, pero esto es bueno, porque nos hace más responsables a la hora de tomar decisiones. En efecto, el evento europeísta del 9 de mayo marca el aniversario del día en 1950 cuando Robert Schuman, uno de los fundadores de la UE, hizo su Declaración Schuman, esbozando una visión de unir a los Estados europeos independientes en una sola comunidad. Un proceso que fue gradual, pero que puso en primer lugar el espíritu solidario como carta de acercamiento. Él propuso la puesta en común de la producción de carbón y acero de diferentes países europeos y argumentó que esta empresa común sería dejar claro que cualquier guerra entre Francia y Alemania no solo resulta impensable, sino materialmente imposible. Ahora también tenemos que buscar puntos de coincidencia, acompañados por el respeto a toda vida, por la dedicación a los más vulnerables y por la paciencia ante los difíciles caminos que se cruzan en nuestro tiempo.
La ciudadanía debe, por tanto, meditar sobre su inmenso patrimonio humano cosechado desde la autonomía social y personal, y así poder inspirar una nueva cultura más abierta a toda la humanidad. Podemos sentir que lo que hacemos apenas tiene importancia, que es solo una gota de agua en un mar que nos desborda, pero esa gota con otra gota y otra gota, puede hacernos recapacitar serenamente, y esto siempre será mejor que tomar decisiones desesperadas.