Hay que asegurar un crecimiento perenne en ambiente seguro
Panamá dispone de una superficie equivalente a la de Portugal, pero con dos veces más de costas. El país es ante todo un cruce estratégico entre los océanos Atlántico y Pacífico, en rutas de la globalización, con una economía netamente comercial en cuanto a servicios y comunicaciones a escala mundial. Llamado el eje de las Américas, Panamá ocupa el cuarto rango mundial en calidad de infraestructura portuaria. Sus tres grandes fortunas estructurales son: su privilegiada posición geográfica, la actividad estratégica de su Canal y su economía dolarizada.
En los últimos años los proyectos portuarios han transformado la costa atlántica panameña a través de la construcción, y en especial la de Colón, que es un importante lugar de inversiones, captando unos mil millones de dólares con la ampliación del Canal, la expansión del aeropuerto Enrique A. Jiménez y del puerto marítimo Manzanillo International Terminal, la creación del futuro Panamá Colón Container Port, la extensión de la red ferroviaria y la creación de nuevas carreteras, debido a la necesidad de una mejor conexión vial entre transportistas, las empresas portuarias de Colón, ciudad capital y la Zona Libre. El aumento de las exportaciones es la estrategia principal para mantener el ritmo del crecimiento económico, y esto se logra mediante la modernización de la conectividad, la cual redundará en mejor competitividad del país.
El sector de la construcción está en auge, pues contribuyó con un crecimiento de 30.7% a la economía del país en 2012.
Sin embargo, uno de los impactos negativos más significativos y visibles del desarrollo de proyectos de construcción en Colón es la destrucción de las áreas de manglar y en general la cobertura boscosa. La construcción de infraestructuras en la Costa Atlántica representa históricamente la destrucción de los espacios naturales marino-costeros. Un ejemplo es el caso del paisaje protegido silvestre Isla Galeta, que por desgracia o por fortuna se ubica dentro del vecindario logístico que incluye a la Zona Libre, la segunda más importante plataforma logística de intercambio comercial mundial. Sumado a esto, existe un contexto de un país en vía de desarrollo con una marcada ambición de crecimiento económico por todas las vías posibles.
Isla Galeta es un área protegida única en Colón, que posee bosques muy húmedos del Caribe y manglares. En sus 600 hectáreas de extensión pueden apreciarse 300 especies de aves, más que en toda España y Portugal juntas, países cuya superficie es de 500,000 km2. Sin embargo, varias empresas pretenden ampliar el camino de entrada a Isla Galeta para el acceso de camiones pesados, un golpe mortal a la flora y fauna.
La normativa ambiental es percibida por los desarrolladores como perjudicial, pues frena la inversión en sectores claves para la economía. Todo proyecto de construcción que se lleve a cabo en mencionado vecindario logístico se justifica por su provenir económicamente exitoso y se le vende al pueblo como la más rápida promesa económica. Esto, lejos de ser mal visto, se vende muy bien ante los ojos de la gente.
Es necesario implicar la economía panameña en el marco del desarrollo sostenible, a fin de asegurar un crecimiento perenne, económica y ecológicamente apto para nuestra sociedad. La protección del medio ambiente puede reposar sobre valores, tanto conservacionistas como progresistas, partiendo del pensamiento de que el movimiento es portador de las dos tendencias.
Se debe comenzar a gestionar con urgencia un programa de actividades estratégicas que involucre a empresarios y empleados de mencionado vecindario, no como enemigos de la naturaleza, sino como los vecinos que son y seguirán siendo de Isla Galeta. Existen numerosas empresas interesadas en programas recreativos y a la vez educativos para su recurso humano, por ejemplo, lo cual debe ser aprovechado como punto de partida para comenzar a comprender cosas que chocan con nuestras costumbres, y dejar de oponer desarrollo a medio ambiente. Estamos ante los retos ambientales de un país actualmente dominado por empresarios. Si no nos adaptamos a eso y no comenzamos a movernos con ideas innovadoras, y si no comprendemos el pensamiento de nuestros vecinos los empresarios, no vamos a llegar a ninguna parte y seguiremos golpeando como quien intenta golpear al viento.
Entonces, es necesario establecer nuevos arreglos sociales que sirvan de base para comprender la visión del mundo que se impone poco a poco, y los posibles lugares de compromiso entre los ecologistas y la élite económica, es decir, los altos dirigentes de las más grandes empresas, que personifican la clase dominante en nuestra sociedad y los proyectos que desarrollan en nuestro territorio.