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Hay que exportar más. ¡Punto!


Debido a su alta tasa de deuda externa, Panamá tiene una enorme necesidad de exportar y conseguir ingresos para cubrir sus proyectos de inversión o incluso negociar su crédito externo. Por eso es indispensable contar con una política de comercio exterior robusta y lograrla no en base al constante aumento de las importaciones sino a la expansión estratégica de las exportaciones.

Según cifras oficiales, las exportaciones bajaron en los últimos dos años un 40 por ciento debido a la caída de la pesca y del sector agropecuario, y la eliminación de los certificados de ahorro tributario (CAT).

La crisis registrada en las exportaciones de sandía, piña y melón, por ejemplo, contrasta con que en Panamá muchos sectores de la economía palearon satisfactoriamente el temporal causado por la burbuja inmobiliaria, lo que permitió además que el país registrara altas tasas de crecimiento económico. Estas actividades aportaron a su vez un importante número de puestos de trabajo e ingresos, e iniciaron el círculo virtuoso de la incorporación de tecnologías y mejora en la calidad que permitió al mercado local expandirse y satisfacer demandas sofisticadas.

Por otra parte se diversificaron mercados importantes como el turismo, telecomunicaciones y el transporte, lo cual reduce la vulnerabilidad de la economía ante eventuales caídas de la demanda externa. Aun así, las exportaciones siguen muy concentradas en un reducido número de productos, en especial los agrícolas y la pesca. En los últimos años los precios de estos bienes aumentaron sustancialmente pero, por la naturaleza de los mercados en los que se comercian, no se pudieron concretar aumentos significativos en su volumen de exportación.

Obviamente, no se trata de minimizar la importancia de esas exportaciones que también han estimulado inversiones y creado trabajo, además de ingresar divisas. Sino de tener en cuenta la necesidad de ampliar la oferta para lograr flujos de ingresos más estables y promover el dinamismo y la capitalización de la agroindustria, manufactura y demás servicios exportables.

La importancia de consolidar la capacidad exportadora es reforzada por la evolución que se observa en las importaciones. Luego de la abrupta caída por la recesión mundial de 2008, las compras externas aumentaron un 18% en el 2009 al compás de la mayor demanda en los mercados internos. En el 2010 nuevamente aumentaron un 28%, acercándose a niveles históricos de consumo. En consecuencia, el balance comercial sigue teniendo déficit y cada vez es mayor que el del año anterior.

Un aspecto decisivo para mejorar la capacidad exportadora de los sectores más rezagados es contar con políticas tecnológicas que estimulen la competitividad de las empresas y con apoyos financieros y logísticos para el ingreso a mercados externos. Otro esfuerzo es mantener la firmeza en la obtención y ejecución de los acuerdos comerciales internacionales. En este sentido, es sumamente trascendental que el Gobierno nacional oriente su esfuerzo hacia la consolidación del Tratado de Promoción Comercial con los Estados Unidos, y presione hasta el final con todas sus energías y habilidades para que este año el TPC sea presentado ante el Congreso americano. Panamá tiene una débil o casi inexistente cultura exportadora unida a una cultura insaciable de importación, lo cual se ha traducido en un bajo coeficiente de exportaciones en relación al PIB y en un recurrente déficit comercial. El endeudamiento externo obliga, más que recomienda, revertir esta tendencia y construir una economía capaz de obtener ingresos a través del comercio, para cumplir los compromisos sin afectar el crecimiento.

Ante la imposibilidad y dificultad por seguir endeudándose, Panamá debe superar su déficit comercial y obtener las divisas que necesita para crecer y pagar sus deudas. Y en el fondo, éste sería un buen incentivo para conmemorar otro día más del Trabajo.

Empresario.