Hay que levantar un movimiento de valores éticos y cívicos
Las pasiones que generan los torneos electorales se han tomado las conciencias, los medios de comunicación social y el “día a día” del país, a poco menos de tres años de las elecciones generales, sin que medie autorización legal para el proselitismo electoral y la contaminación visual y auditiva que los grupos de poder y simpatizantes están realizando.
Al parecer las ofertas electorales que se vislumbran para el 2014, son las siguientes: CD (Ferrufino), PRD (Navarro), Panameñista (Varela) y Libre Postulación (Tapia). Sin embargo, también se escuchan otros nombres que aspiran a la máxima magistratura administrativa del país, y quién quita que surjan otras propuestas.
Vislumbro un torneo bien reñido y dudo mucho que gran parte del pueblo panameño haga el debido análisis antes y durante el proceso eleccionario, ya que la cultura electoral criolla panameña es una lacra que cuenta con una caterva de candidatos que basan su éxito, no en sus méritos, valores, capacidades, experiencias y ejecutorias, sino más bien en esquemas abyectos de “pan y circo”, que es el lastre del trasfondo grecorromano y herencia colonial de nuestro país; así como también en los chantajes, manipulaciones, nepotismo, tráfico de influencias y publicidad engañosa de las cúpulas de poder.
Lo cierto es que, en atención a los principios y reglas interpretativas de las ciencias sociales, los resultados de las elecciones generales de 2014, para bien o para mal, pueden ser de “pronóstico reservado”.
Aún albergo la esperanza de que en nuestro país se levante un movimiento de valores éticos, cívicos y espirituales, no de resentidos ni de prejuiciosos, sino más bien de personas con capacidad para inclinar la balanza del poder político hacia lo que necesitamos todos, ya que sería insufrible llegar a tener o seguir teniendo gobiernos de improvisaciones, imposiciones, antivalores y/o pusilanimidad.
La República de Panamá necesita de un líder y/o un gobierno de líderes que entiendan que el país es “de, por y para todos”, que promuevan los valores, que nos orienten hacia cambios constitucionales y administrativos profundos, legítimos y sostenibles, que establezcan y apliquen un sistema de supervisión eficaz de la gestión pública, que descentralicen al máximo los Órganos del Estado; que ayuden y defiendan a los sectores más vulnerables, que rescaten, protejan y promuevan a la familia como el núcleo social más importante y que fortalezcan la prevención y represión de los delitos especialmente los de “cuello blanco”.
