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Hay tensión, pero se podrá actuar


Hemos vivido unos días de tensión con el hecho de las reuniones con los representantes supremos indígenas y representantes del presidente, reunidos como consecuencia del acuerdo de San Lorenzo. Aparentemente se adelantaron algunos acuerdos pero en el asunto de las hidroeléctricas no se ha llegado a nada.

Esperamos que no se repita la movilización de indígenas insatisfechos con los resultados, ya que eso retrotraería todo el problema a su inicio. Como dijo un comentarista político, lo que sucedió en días pasados daba la impresión de la cercanía a un golpe de Estado que, gracias a Dios y al esfuerzo de la Iglesia católica, no sucedió. Ya que surgieron las buenas voluntades y otros sentimientos pacifistas que desembocaron en la mesa del diálogo, instrumento del cual no hay que abusar. En un diálogo no se espera sacar el 100% de lo que uno alega, así que hay que esperar para ver qué sale de ese esfuerzo. A simple vista pareciera que se trata de un problema de interés nacional, aun cuando se oyen voces que afirman que hay intereses privados económicos involucrados en esta lucha. La tensión sigue, ya que los indígenas han amenazado con cierre de vías si no se les complace totalmente.

Y ahí vienen las disputas sobre cómo una minoría va a imponer sus criterios sobre una mayoría, aunque en el caso de nuestros hermanos indígenas hay que reconocer que existe gran deuda con ellos de muchos años, de haberlos olvidado y de haberlos tratado como a ciudadanos de segunda clase, de ahí que suene plausible en las negociaciones oír hablar de que de las ganancias de las hidroeléctricas se deriven beneficios inmediatos para la comarca. Nuevamente hay que subrayar, como se ha hecho, de la ya larga labor de acompañamiento al pueblo gnäbe desde los tiempos de monseñor Núñez, que autorizó a las hermanas Lauritas misiones que se establecieran en el área indígena; luego los Padres Paulinos norteamericanos cuyo testimonio es del padre Shuster, quien murió este año y pidió que sus cenizas quedaran en el sitio donde trabajo en Soloy; luego la obra de los Padres Agustinos que tienen sacerdotes católicos gnäbes trabajando en el área y luego los Padres Jesuitas con el padre Carlos Sosa Icaza, que entregó los últimos años de su vida a esas regiones que fueron posteriormente atendidas por diversos presbíteros hasta llegar al padre Adonai Cortés que con las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón rinden una labor meritoria y junto a la causa indígena. Hay tensión y siempre habrá tensión aunque se llegue a cualquier acuerdo, pero con tensión se podrá actuar.

Sacerdote jesuita.