Hechos de madera fina por el mejor de los artesanos
El Día del Padre se celebra en nuestro país cada tercer domingo del mes de junio. Los panameños conmemoramos la institución de la paternidad biológica y de crianza de miles de hombres dedicados a la labor más trascendental de sus vidas: ser padres.
La única labor que sus hijos, sigilosamente, esperarán para calificar y brindar el juicio más tierno, más sabio o más severo; cuando menos lo imagines.
He tenido el privilegio de estar rodeada de hombres que enaltecen el significado de esta palabra: mi padre, mi esposo, amigos y compañeros de trabajo de hoy y de otros tiempos.
Para todos ellos, estas palabras:
Recordarán la historia infantil “Pinocho”, el muñeco de madera creado por un carpintero que deseaba tener un hijo. Geppetto, como se llamaba, pasó toda una noche tallando con inimaginable amor y esmero la figura de un niño.
Su deseo era tan fuerte que por el encanto de un hada, se le otorgó animación a esa marioneta de madera.
No obstante, Pinocho deseaba ser un niño de verdad, tener una vida real, como ser humano, pero se vuelve un niño travieso y mal portado que se llega a convertir en un niño de verdad solo cuando logra superar las adversidades del mundo guiado por los pasos de su padre.
Para mí esta es una simbología perfecta para describir la entrega y el sentido verdadero de ser padre.
Veo al carpintero Geppetto en el hombre que todos los días se levanta antes del amanecer para salir a trabajar por sus hijos. Y en el que al ocaso sigue esforzándose por el bien de ellos.
En aquel que desgasta sus manos con la tierra y su cuerpo bajo el sol o la lluvia.
En aquel que ve a una mujer con un vientre abultado al que acaricia y besa.
En el que cobija a una criatura en sus brazos.
En aquel que le canta a su hijo, juega con él y le lleva al parque.
En aquel que le cuenta un cuento, le da de comer, le baña, le viste, le acuesta y reza con él.
En el que pregunta ¿cómo te fue en la escuela?, ¿qué tal los amigos?, ¿qué tal la fiesta?
En aquel que tiene que reprender cuando alguna acción no fue acertada.
En aquel que trasnocha por un malestar estomacal, dolor de oído o gripe.
En aquel que debe ser fuerte al contestar con un “no está permitido”.
Y en aquel que se vuelve viejo y entre una silueta de adulto solo distingue a un pequeño y aún indefenso chiquillo.
De una manera u otra se habrán identificado con algunas de esas líneas. O habrán recordado las propias vivencias personales e irrepetibles, oportunidades de oro en sus vidas y razones, por las que simplemente nosotras les admiramos.
Empero, para lograr una pieza firme y resistente no solo necesitamos del carpintero, sino que la materia prima sea de la mejor calidad.
Conjugar la habilidad y la calidad no es fácil. Es una aventura arriesgada, pero fascinante, ¿verdad? Porque en ese caminar en el que se asume esta responsabilidad hay tropiezos y adversidades. Pero su valiosa obra merece y debe ser tallada con la mayor dedicación, pues no queremos piezas huecas ni hijos vacíos.
El arte de tallar sus vidas debe ser elaborado con el liderazgo de un gerente, la pulcritud de un escritor, la sensibilidad de un poeta, la visión de un fotógrafo, la organización de un administrador, la constancia de un maestro, la sabiduría de un perito, la precisión de un ingeniero, la sagacidad de un abogado, la destreza de un arquitecto y el amor de un padre.
Tu hijo no espera que seas el más sabio, el más fuerte, el más guapo o el más adinerado, solo espera que seas su padre y lo talles con la mejor madera. Igual que en el cuento, que sean seres reales, hombres de honor, íntegros y con valores. ¡Pregúntale y lo confirmarás!
En este día especial, felicito a todos los que asumen este compromiso, en especial a mi padre porque hoy entiendo cuando me decía de niña:
“Hija, cuando en tu vida haya obstáculos, no te desanimes y menos les temas, sigue adelante… porque tú estás hecha de madera fina”.
Feliz Día del Padre.
Abogada.