Héctor está vivo
Se corría la voz por las principales calles, caminos y barrios, aquel nueve de junio de 1971.
El asunto para muchos tan escalofriante, para “unos cuantos” tan halagador.
Por fin lo tenían en sus manos, y ahora pueden hacer lo que han planeado.
Sin embargo, hay un dicho muy popular: “Dios escribe recto en renglones torcidos”. Lo que se pensaba no iba a pasar a mayores detalles, ahora se convierte en toma de conciencia sobre los derechos fundamentales de la persona humana.
Fue la imagen de hombre débil que describe su biografía, pero de profundo y fuerte amor al sacerdocio de Cristo. P. Héctor Gallego.
El Señor se ha servido de los humildes para confundir a los grandes.
Su comunión con el obispo hace de él una figura de verdadera comunión eclesial. El hombre que vive una interiorización profunda del Misterio Pascual, que es capaz de darse a los demás, sin importarle su propia vida.
Su iluminación profunda de la realidad guiada a la luz del Evangelio hace surgir un compromiso y al mismo tiempo tomar una decisión: aceptar la realidad o seguir viviendo en ella.
Su razón y su fe lo hace capaz de trascender y leer los signos de los tiempos. Aquel que penetró en la memoria del pueblo panameño, en el campesino de Santa Fe, “penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una libertad definitiva”, igual que su Maestro a favor de sus hermanos. (Cfr. Hch 9,12.)
“Si desaparezco no me busquen, sigan la lucha”, nos lo recordaba, y el pueblo le ha dicho: Héctor está vivo.
Lorenzo Concepción Bordones
