Helen Thomas
Querido Director,
Estoy seguro que alguna vez habrá querido ser Helen Thomas. Sentado en el centro de la primera final de la sala de prensa de La Casa Blanca, con el privilegio de ser el primero en preguntar al Secretario de Prensa o al Presidente de los EE.UU. en todas sus comparecencias. Además, notando cómo cada uno de los 10 presidentes a los que ha preguntado le miran con respeto y temor, pues aplica a sus preguntas una absoluta libertad de formulación y por qué no decirlo, de cierto acorralamiento. Si a eso añade, haber ocupado ese puesto durante exactamente 50 años, el cuadro se convierte en único, excepcional y deseado por cualquier periodista del mundo. Siento mucho que no sea usted el privilegiado, sino una señora no muy alta, encorvada y realmente poco bella, pero que desde su 160 de coeficiente intelectual desarrolló esta función desde finales de la presidencia de Eisenhower y no es otra que Helen Thomas. La periodista que la UPI (United Press International) mandó de meritoria allá por el año 1960 a una conferencia de prensa en La Casa Blanca. Hace poco, Helen Thomas (de 89 años), dimitió y abandonó su puesto tras formular unas afirmaciones sobre el conflicto árabe-israelí.
¿Se da cuenta, Director, del poder y a la vez vanidad, que se tiene al preguntar cosas como éstas?: ¿Qué siente su conciencia ante los miles de muertos civiles en Vietnam?; ¿Es usted racista y por eso permite que haya discriminación en los colegios de los Estados del Sur?; ¿Se considera usted responsable de los 30 millones de pobres en los Estados Unidos?; ¿Organizó usted el Watergate? o ¿La Señorita Lewinsky realizaba trabajos para el gobierno debajo de la mesa del despacho oval? Éstas y otras miles de preguntas similares obligando a responder, unas veces con la verdad, otras tartamudeando sin saber qué decir y otras con un embarazoso silencio. Los cumpleaños de Helen Thomas se celebraban en La Casa Blanca y en la fiesta, generalmente de disfraces, participaba el presidente de turno y su familia. Por cariño, por miedo, por respeto a la prensa libre o quizá, siendo generosos, por una mezcla de las tres. La Thomas se parodiaba a sí misma y ante las risas de compañeros y empleados gubernamentales, seguía preguntando cuestiones delicadas al Presidente. En fin, un auténtico animal periodístico-político! Y después de 50 años de perfección, hace un comentario sobre la posibilidad de que Israel esté ocupando tierras que no le pertenecen y: Vendaval, Tornado, Tsunami; pide perdón de madrugada, pero esa misma mañana ya no se sienta en el centro de la primera fila de la sala de prensa de La Casa Blanca. Al mediodía, el 90% de sus compañeros que tanto la alabaron y decían admirarla, se mostraron muy críticos y despiadados, y se supone que el Presidente Obama respiró más tranquilo. ¿Qué habrá pensado esta gran periodista cuando en la soledad de su casa, en horas 24, el teléfono ha dejado de sonar, nadie le invita a las fiestas y en el supermercado hay que hacer cola en la caja? Buena lección para todos nuestros políticos y abusones del cuarto poder. Adiós Helen Thomas.
En España nunca se dio un caso similar, pero sí algunos periódicos han influido de forma decisiva en largos períodos histórico-políticos. Así, durante la II República, el periódico El Sol, fundado por el gran filósofo D. José Ortega y Gasset. Durante todo el régimen de Franco el ABC, fundado y hasta hace pocos años, propiedad de la familia Luca de Tena y durante el período 1977-2005 El País, propiedad de la familia Polanco, que nació como periódico independiente y conciliador de todas las tendencias españolas y ha terminado siendo un periódico al servicio del PSOE y no se sabe muy bien, incluso si es copropietario, D. Felipe González. Su dominical, en general y de negocios en particular, está entre los 4 mejores del mundo.
Atentamente,
