Hermano Antonio
El jueves, fiesta de Nuestra Señora del Santísimo Rosario, nos reunimos un número plural de amigos del primer panameño que dio su nombre y vida al Instituto Religioso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, fundado por San Juan Bautista de la Salle, para compartir con sus allegados, las exequias de tan distinguido ciudadano.
Hermano Pionero Panameño se titula el libro pergeñado por el Reverendo Hermano Cipriano Pascual, en donde nos presenta una reseña autobiográfica del religioso Antonio Sosa Icaza, F.S.C.
Personalmente tenía el motivo para hacer acto de presencia en esta despedida de Toñito, ya que hace muchos años el papá del religioso fue mi padrino de Bautismo y era el último de los religiosos de la familia Sosa Icaza.
En otros países del continente de tradición cristiana católica, se dan estos casos de varios miembros de la misma familia que se dedican a la vida consagrada, pero en Panamá, en esto como en otras manifestaciones, este tipo de realidades está en el mundo de lo imposible. Y como dice el Evangelio de Lucas para este día “para Dios no hay nada imposible”, en la familia Sosa Icaza, y creemos que es la única históricamente hablando, hubo dos sacerdotes y dos religiosos. De los sacerdotes, uno era diocesano el P. Guillermo y el otro era Jesuita, Carlos que fue profesor del Colegio Javier. Los otros dos religiosos fueron la hermana Aura María, que en religión creo la llamaban “Conchita”, y el Hermano Antonio, que también se llamaba Hernando.
Los otros tres hermanos se dedicaron a formar familias cristianas, y sobrevive Don Julio, el menor, gran colaborador de las obras de la Iglesia.
Hace dos años el personal del Colegio de la Salle, dirección y ex alumnos, celebraron los 100 años de vida del Hermano Antonio en un evento muy concurrido y lleno de felicitaciones para el jubilar educador.
Al final de las exequias que fueron celebradas por el capellán el Rev. Juan Aquiles Berrocal, el Superior regional leyó un par de testimonios y, sobre todo, el mensaje del Hermano Superior General donde ponderó las virtudes espirituales del Hermano Antonio, destacando su lealtad a la Iglesia católica y su gran amor al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
En nuestro mundillo social, lamentamos a veces la muerte de grandes comerciantes, atletas, abogados, profesionales, pero en este momento es hora que lamentemos también la pérdida de este gran valor de la educación panameña y primer Hermano Cristiano panameño, como un hecho fuera de serie. Su inocencia, ingenuidad y sencillez quedarán perennes en la memoria de todos los que lo conocieron. Euge, bone fidelis, intra in gaudium Domini Tui, Ea siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.
