Hermosa y provechosa actividad
Este último sábado se llevó a cabo una preciosa actividad frente al edificio de la Administración del Canal de Panamá, organizada por la Fundación Olga Sinclair, conocida y eminente pintora panameña, hija de otra gloria artística panameña, Alfredo Sinclair, a quien tuve el honor de tratar y conocer en Buenos Aires, Argentina, cuando yo estudiaba medicina y Alfredo su pintura. 5,084 niños y jóvenes se reunieron en "Pintemos los 100 años del Canal de Panamá" y participaron activamente para dejar un lienzo de 25 paneles. Se pintó y dio color a un cuadro de siete mil metros. Fue una actividad que, primero demuestra que en Panamá existen personas despojadas de intereses malsanos y que trabajan solo para obtener resultados como los del sábado, cuando el representante de Guinness World Records anunció que Panamá había roto el anterior de Arabia Saudita con esa cantidad de personitas pintando a la vez.
Siento dos alegrías, como panameña y como amiga de Olga y de Alfredo, su padre. Como panameña diré que esta actividad reunió a esa gran cantidad de niños y jóvenes en busca de distracción sana y pasar un día dedicado a algo extraño y nuevo para ellos. Cuando crezcan sabrán que sus manitas colaboraron en la pintura de aquel gran cuadro para conmemorar los 100 años del Canal de Panamá. Estas maneras de entretener a esos niños y jóvenes es la que necesitamos para evadir la formación de pandillas que solo traen violencia y tristeza. Si en vez de pasar un sábado entretenidos pintando y ensuciándose con la pintura, se quedan en casa jugando con los aparatos electrónicos o viendo horribles programas de televisión, pensemos en las consecuencias de esto último comparado con lo que sucedió.
EN PANAMÁ EXISTEN PERSONAS DESPOJADAS DE INTERESES MALSANOS Y QUE TRABAJAN SOLO PARA OBTENER RESULTADOS COMO LOS DEL SÁBADO, CUANDO EL REPRESENTANTE DE GUINNESS WORLD RECORDS ANUNCIÓ QUE PANAMÁ HABÍA ROTO EL ANTERIOR DE ARABIA SAUDITA CON ESA CANTIDAD DE PERSONITAS PINTANDO A LA VEZ.
Hace unos días, una amiga me comentaba que había ido a caminar por la Cinta Costera y que estaba totalmente llena de personas haciendo ejercicios y pasando un momento agradable. Le comenté que anteriormente no tenían dónde ir y que esa fue una de las razones por las cuales se formaron tantas pandillas. La juventud y la niñez necesitan campos deportivos, entretenimientos sanos, hacer ejercicios solos o dirigidos; necesitan alejarse de la violencia, de los malos manejos de sus vidas. Me decía un sobrino que en David no existe esa cantidad de campos de juegos y que cada día crece más el número de pandillas y, por lo tanto, la delincuencia que nos está llevando a perder esa juventud. Ahora veo también que en las universidades se están matriculando una gran cantidad de jóvenes en busca de una profesión que les mejore su situación socio-económica, y que van por 15,000 estudiantes. Sin embargo, me pregunto si esas universidades tienen capacidad para recibirlos correctamente; si las aulas son suficientes, así como la cantidad de educadores que les impartirán las clases. Pienso si no tendrán que formar salones muy crecidos en número de alumnos y no estemos en condiciones de impartir correctamente esas clases. Porque no es cuestión de engañarnos con una alta cantidad de ingresos, sino es cuestión de darnos el lujo de formar excelentes profesionales que puedan competir en cualquier campo nacional o internacional. Si esas universidades no están en condiciones de satisfacer a la juventud que allí va en busca de conocimientos, veremos una generación de frustrados y frustradas porque saben que no han alcanzado los sueños que tenían cuando fueron a esos centros de estudios. Las autoridades de las universidades deben estar conscientes de esto y no alegrarse solo con cifras, sino con realidades. Yo fui profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá y conozco lo que es la buena y la deficiente enseñanza. No juguemos con esas altas cifras por el solo hecho de sentir el orgullo malsano de que vamos superando las anteriores. Seamos realistas y pongamos pie en tierra para que esos jóvenes no nos señalen como los responsables de sus fracasos en la vida. Tuve la oportunidad de estudiar en una buena escuela de medicina y practicar en buenos hospitales en Panamá.
Felicito a Olga y a todos sus colaboradores por esa actividad tan hermosa y provechosa, por dar oportunidad permanente a niños y jóvenes de desarrollar sus aptitudes y de entretenerse en un día de fiesta para ellos. Pensemos en la importancia de la juventud y ayudémosla de verdad.