Herodes ‘El Grande’ y la Navidad
Con una gran facilidad el ser humano se apega al poder y se esclaviza a él. Sea porque siente que así se eleva su baja autoestima, o porque al dominar e imponerse en el ambiente político, económico o aun religioso podrá aprovecharse de todo —y enriqueciéndose será más feliz— o porque considere que es el único que puede dirigir un conglomerado humano; el poder seduce y ciega muchas veces.
EL REY SIGUE GOBERNANDO Y PENSANDO QUE CON ESO ESTÁ SU FELICIDAD ASEGURADA. PERO COMO TODO SER HUMANO, TAMBIÉN TENÍA QUE MORIRSE, Y SU CONCIENCIA JAMÁS LO DEJÓ EN PAZ.
Herodes lo tenía. Como rey, bajo la autoridad del césar y con un dominio absoluto sobre sus súbditos, estaba embriagado de autoridad y creía que lo suyo tenía carácter permanente. Ya había adicción, apego total a la situación de quien tiene la última palabra en todo y que goza de la veneración aduladora e paraesada de muchos.
Para que su voluntad se cumpliera totalmente, ejercía una presión amenazadora que producía miedo. El miedo a perder la vida o las posesiones era suficiente para que muchos obedecieran ciegamente.
Al que es esclavo del "dios poder" no le cuesta gobernar y dirigir a los que tienen apego a sus bienes y seguridades si tiene decisión sobre ellos, y si su "poder económico" le permite sobornar y acallar las conciencias.
RECURRIÓ MÁS AL LICOR Y A OTROS VICIOS PARA OLVIDARSE DEL CRIMEN, Y TRATÓ DE AFIANZAR MÁS BRUTALMENTE SU RÉGIMEN.
Soborno y miedo, tentación y opresión, viejas tácticas manipuladoras. Se siente amenazado. Con la venida de los Reyes Magos y al consultar a los sabios se asustó, porque las profecías hablaban de un nuevo rey que nacería en Belén de Judá.
El miedo a perder sus dominios y todo su poder lo lleva a planear la eliminación de ese nuevo rey. El que tiene un apego o adicción tan fuerte a algo, que es capaz de convertirlo en su auténtico dios, solo pensar que puede perderlo todo de un golpe lo convierte en fiera asesina. Esa es "la razón de su vida". ¡Nadie se lo puede quitar! El fin justifica los medios.
Es cuestión de eliminar, borrar incluso la memoria de quien se atreva a impedir la "adoración al dios de la adicción" y por eso, ante la imposibilidad de saber quién podía ser el nuevo rey, manda a matar a todos los niños menores de dos años en Belén.
Las tropas entran en Belén, y en las casas de la gente y de noche buscan a las criaturas pequeñas, con violencia las arrebatan de sus padres, y allí mismo o en las calles las degüellan con sus espadas.
Gritos, llantos, desesperación de la gente, y las tropas dejan manchada de sangre la pobre y sencilla ciudad de Belén. Luto, dolor, consternación y silencio embarga a la población y nada se puede hacer.
Herodes tiene todo el poder. Total impotencia de la pobre gente indefensa de la ciudad. Herodes y su reino de ilusiones. El rey sigue gobernando y pensando que con eso está su felicidad asegurada. Pero como todo ser humano, también tenía que morirse, y su conciencia jamás lo dejó en paz.
ASESINÓ A SU ESPOSA POR CELOS, SE ENREDÓ CON OTRAS Y MURIÓ DE SÍFILIS. EN CAMBIO, EL NIÑO JESÚS, SALVADO POR INTERVENCIÓN DEL ÁNGEL Y PROTECCIÓN DE JOSÉ Y SU MADRE, SE ENCARGÓ DE CONSTRUIR UN REINO QUE SÍ ES PERMANENTE, EN EL CUAL REINA.
Recurrió más al licor y a otros vicios para olvidarse del crimen, y trató de afianzar más brutalmente su régimen. Pero sus manos manchadas de sangre jamás lo dejaron dormir en paz, y la amargura y el odio a sí mismo poco a poco lo fueron destruyendo.
Asesinó a su esposa por celos, se enredó con otras y murió de sífilis. En cambio, el Niño Jesús, salvado por paravención del ángel y protección de José y su madre, se encargó de construir un Reino que sí es permanente, en el cual reina. Él y todos nosotros sí lo amamos y no adoramos a "los dioses" del mundo.
Es un reino de amor y de paz, de servicio a los demás y de solidaridad, de justicia y fraternidad. Es un reino de respeto a los demás y de libertad.