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Herramienta para afrontar el cambio climático


El cambio climático global (CCG) se constituye en uno de los grandes retos que afronta la humanidad en general y posiblemente en el más importante obstáculo y desincentivo para el desarrollo de la agricultura, en particular, en los países en vías de desarrollo.

Hechos tales como la alteración de los regímenes de lluvias; las pérdidas de suelos como consecuencia de las sequías o inundaciones extremas; la aparición de plagas y enfermedades que afectan a los cultivos en localidades que previamente no las contenían y la aparición de “nuevas” condiciones ambientales traen, entre otros muchos efectos, el incremento en el valor de la tierra disponible; el aumento en la cantidad de insumos químicos para el control de plagas con el consecuente impacto negativo sobre fuentes de agua, suelos, aire, flora y fauna; el incremento en las coberturas de seguros agrícolas; el aumento de los costos de producción; la disminución en la productividad de los cultivos en ciertas localidades con alzas de precios al consumidor y la nociva afectación de la seguridad alimentaria de las comunidades vulnerables.

Ante una problemática de tal magnitud y expuestos ya, en algunas regiones, a los rigurosos efectos del CCG, la biotecnología se convierte en una caja de herramientas cuya eficiente y oportuna utilización permitirá responder de manera acertada y urgente a las medidas de mitigación y adaptación.

Algunos resultados concretos del uso de la agrobiotecnología para adaptar la agricultura al CCG y mitigar los efectos de la actividad agrícola sobre el ambiente (y viceversa) incluyen: (i) la generación de materiales -transgénicos o no- de maíz, soya, algodón y trigo tolerantes a la sequía; (ii) la utilización de técnicas de cultivos de tejidos y selección asistida por marcadores moleculares para apoyar y acelerar a los programas de fitomejoramiento; (iii) la implementación de labranza mínima (resultado del uso o no de organismos vivos modificados) lo cual contribuye a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero; (iv) mayor conocimiento e implementación de prácticas de control biológico y (v) la generación y mayor utilización de bioinsumos, entre otros.

Pero la tecnología per se no conducirá a la adaptación de la agricultura al CCG y menos aún sin inversiones en ciencia y tecnología. Será la interacción de la investigación y la tecnología, junto con las oportunas decisiones políticas y su implementación, con los sectores productivos y la conciencia de productores y consumidores, lo que hará posible hacer frente a los retos globales que trae el cambio climático.

Para terminar, es de mencionar que el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) no toma posición con respecto a la utilización de una tecnología particular. Pero es responsabilidad de la institución brindar información que permita a los tomadores de decisiones y a los agricultores de los países acudir a cualquiera de las estrategias y técnicas disponibles. Dependerá de los países la implementación de algunas de ellas. Las tecnologías limpias y la biotecnología no son actores antagonistas sino protagonistas que complementan acciones tendientes a adaptar la agricultura a los retos mencionados.