Hipocresía política
Salvo algunas excepciones, en Panamá la política se ha convertido en el arte de la hipocresía desde hace muchos años.
Lo peor es que cada día que transcurre el panorama es más desalentador para los miles de panameños, que son los que al final pagan por las erradas decisiones de las personas a las que eligieron para representarlos.
Para el recuerdo han quedado esas figuras que, a pesar de las adversidades y pugnas políticas del momento, mantenían sus principios e ideales hasta el final.
Todo eso ha cambiado, y para mal. El transfuguismo o los “cambios de tolda” se han dado en todos los gobiernos, pero esta administración ha roto el récord.
Más allá de las razones -ejecución de más proyectos sociales, dinero, expedientes judiciales- quienes toman esta decisión no puede pretender que la población salga a las calles a aplaudirles.
El pueblo es tonto, pero no tanto y la clase política está abusando de su doble discurso.
Los ejemplos son muchos, pero el último caso es digno de enmarcar por las absurdas justificaciones. Lo cuestionable no es el cambio en si, que había negado a todo el país, en especial, a los votantes de su circuito, sino la falta de valentía para enfrentar una decisión que ya había tomado hace tiempo.
Pero antes de abandonar las filas de su partido, enunció una frase lapidaria que quedará para la posteridad.
Decir que “tonto es aquel que basa sus esperanzas en los recuerdos del pasado y aún más tonto es aquél que vive pensando en el futuro que no ha llegado, cuando el presente es la única realidad que tenemos”, es un claro ejemplo de que muchos de los mal llamados “padres de la patria” solo viven del oportunismo instantáneo.
