Historia repetida
La selección de los magistrados a la Corte Suprema de Justicia, a lo largo de los años, se ha tornado en un proceso polémico.
La Constitución Política de Panamá establece que una de las funciones del Consejo de Gabinete, con el presidente, es acordar los nombramientos de los magistrados y sus suplentes, que deberán ser ratificados por la Asamblea Nacional de Diputados.
La ley es clara, pero los gobernantes, antes de ascender al poder, juegan a la politiquería y le prometen a la sociedad civil que juntos escogerán a los mejores profesionales del Derecho para ocupar estos imprtantes cargos.
Sin embargo, la historia es otra y se repite en espiral. Una vez en el poder, los mandatarios se olvidan de sus palabras y seleccionan a personas cercanas a su círculo de poder.
Esto ha traído consecuencias en la credibilidad de la justicia, pues las figuras designadas por el Ejecutivo se han visto envueltas en repetidos escándalos, que han terminado con su salida poco decorosa del Palacio Gil Ponce.
El presidente de la República tiene una nueva oportunidad. En los próximos días deben ser designados tres nuevos magistrados para la Sala Constitucional, mejor conocida como la Sala Quinta y los dos remplazos de Alberto Cigarruista y Winston Spadafora, cuyo periodo se vence el próximo 31 de diciembre.
En la lista de aspirantes, que asciende a 112, hay figuras destacadas y con la suficiente solvencia moral para ocupar estos puestos, pero otras no.
La designación de los nuevos cinco magistrados no puede ser por interés político. Si verdaderamente se quiere un cambio, como tanto se pregonó en campaña, es el momento de demostrarlo.
