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Homenaje a las madres panameñas en su día

Por: Redacción 08/12/2014

Hoy, 8 de diciembre, los panameños consagramos el día para honrar a nuestras madres. Es por eso por lo que nos honra dedicarle unas líneas como homenaje sincero y permanente a ese ser tan querido y venerado, porque hemos de agregar, además, que para un buen hijo o buena hija todos los días son “Día de la Madre”.

EN LA VIDA DE FAMILIA, EN LA ESCUELA, EN LA SOCIEDAD, SIEMPRE SE ALTERNARÁ CON MUJERES, QUE EN TODOS LOS CASOS CONTRIBUYEN LA PARTE MÁS DELICADA DE LA HUMANIDAD Y LA MÁS DIGNA DE ATENCIONES ESPECIALES, DE RESPETO, DE CONDESCENDENCIA.

La mujer es un ser tan delicado y respetable. En cada una de ellas debe verse una madre. Para ella deben ser todas las reverencias, todos los sacrificios, todas las preferencias, todas las manifestaciones de respeto. Tratarla con amabilidad; servirla en sus quehaceres; ayudarla en sus acciones. Ella debe conquistar ese derecho a la admiración pública, siendo fiel a su delicadeza, a su femineidad, a su espíritu de abnegación, a su sobriedad y a su ternura.

Es evidente que nadie puede pretender actuar de acuerdo con las mejores normas de comportamiento si olvida, siquiera sea por un instante, el respeto que se debe a la mujer. En la vida de familia, en la escuela, en la sociedad, siempre se alternará con mujeres, que en todos los casos contribuyen la parte más delicada de la humanidad y la más digna de atenciones especiales, de respeto, de condescendencia.

En la familia la enseñanza que se imparte a los hijos no es solo teórica, sino, y muy particularmente, práctica. El niño aprende más imitando, copiando de actuar de sus mayores, que leyendo o escuchando máximas morales. Por ello, el comportamiento humano obliga al esposo a tratar en un modo tan especial a su compañera (la madre de sus hijos), evitando discusiones, irritaciones de ánimo, palabras fuera de lugar.

El niño aprende de tal suerte que el hogar es una isla de paz, donde nada es capaz de alternar la normalidad y la armonía, y precisamente por imitación tratará primero a la madre, después a la maestra y por fin a todas las mujeres, según los más apremiados dictados del comportamiento.

Le escuela es una extensión del hogar, y en las conversaciones familiares el buen comportamiento obliga a evitar referencias a la maestra que puedan dañar o disminuir su prestigio a los ojos del niño. Así este se trazará de la maestra la buscada imagen de la segunda madre y no solo aprenderá a proceder como una persona digna, sino que por añadidura aprovechará mejor las enseñanzas. Por último, convertido el niño en hombre, tratará a todas las mujeres como aprendió a tratar a su madre y a su maestra.

Compartimos con Severo Catalina, español, el noble intento de definir, en los términos siguientes, lo que, a su juicio, significa la madre: “La madre es nuestra providencia sobre la tierra en los primeros años de la vida; nuestro apoyo más firme en los años siguientes de la niñez; nuestra amiga más tierna y más leal en los años borrascosos de la juventud”. ¡Qué definición más humana y más hermosa!

LA MADRE ES NUESTRA PROVIDENCIA SOBRE LA TIERRA EN LOS PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA; NUESTRO APOYO MÁS FIRME EN LOS AÑOS SIGUIENTES DE LA NIÑEZ; NUESTRA AMIGA MÁS TIERNA Y MÁS LEAL EN LOS AÑOS BORRASCOSOS DE LA JUVENTUD.

Por ley natural y por instinto amamos y respetamos a nuestra propia madre y tenemos singular afecto para nuestras hermanas y nuestras hijas. Pensamos que en cada mujer hay una hermana, una hija y una madre en función de tal o en potencia y, que por consiguiente, todas son dignas del mismo trato reverencial que aquellas mujeres vinculadas con nuestra sangre y con nuestro hogar.

La mujer, y especialmente la madre, es el ser delicado que pone una nota de paz, de serenidad y de armonía en una sociedad agitada, llena de problemas, de desencuentros y de encontrados intereses. Es la voz alentadora, la caricia balsámica, la mediadora cordial y el impulso colaborador y desinteresado que haga más feliz y armoniosa la vida de relación social. Valoremos esa función de sedante y de aliciente que ella desempeña y en pago de ello ofrendémosle nuestro respeto, nuestra cordialidad, nuestra consideración más sentida y nuestra deferencia, hoy y siempre.

Reiteramos, pues, el tributo de nuestro homenaje de hijo agradecido, de educador por dedicación fundamental, y de ciudadano a mi difunta querida madre y a todas las madres panameñas en tan significativa fecha. ¡Felicidades!

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Jueves 6 de agosto de 2026