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Homosexualidad en nuestra sociedad


En el diario La Prensa del pasado 17 de mayo, leí el artículo “La Homofobia en Panamá” de Ricardo Beteta donde dice que ese día se conmemoraba el día internacional contra la “homofobia” y que en el año 1990 la homosexualidad fue eliminada como enfermedad mental por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los grandes científicos y estudiosos de la homosexualidad y lesbianismo, como Masters & Johnson, Kolodny, etc., han descartado totalmente la teoría genética de la homosexualidad calificándola como una disfunción psicológica o una variante anormal de la sexualidad humana que es moralmente equivocado y nocivo para la sociedad.

Pero la comunidad “gay” se aferra a ese pronunciamiento de la OMS como si fuera asunto de vida o muerte, repitiendo para sí de que la homosexualidad y el lesbianismo no es un desorden, y tratando de convencerse, interiorizando falsas creencias de su propio ser, siendo víctimas de su comportamiento infestada de dudas e infelicidad.

La OMS y otras organizaciones pretenden convencernos de que uno es homosexual así como se es varón, empujando a las personas “género-confundidos” y mentalmente débiles a que alcancen sus más indignos deseos, dándoles el argumento y la ocasión propicia para revelar sus más bajos instintos. Pero esos pronunciamientos sin sustento científico de la OMS no pueden ni siquiera forzar a los homosexuales a ser felices.

Atribuir la homosexualidad a causas biológicas sería condenar sin apelación al homosexual, porque les impide confiar en la posibilidad de rehabilitación y cambio, y de dejar de pensar que la infelicidad de su vida es el resultado de condiciones externas, o que el mundo se ha ensañado en su contra, en vez de corregir los defectos de su carácter, su personalidad, su comportamiento y hábitos.

Todo en nuestro mundo está gobernado por leyes. El desarrollo del ser humano no es al azar o por suerte, sino por las leyes de la naturaleza y de Dios. Nosotros mismos nos encargamos de construirnos o destruirnos. Una personalidad ética y de altos valores sociales nunca es producto de la suerte, sino el resultado de comportamientos, principios y creencias correctas.

El fin del ser humano, según los científicos sociales, es la felicidad, y ésta solo puede ser logrado mediante la virtud. Lo único que logra atraer aquel que vive una vida de vicios y defectos morales, es la insatisfacción e infelicidad. Pero si los homosexuales analizan la situación que los tiene inconformes, verán que es la que les corresponde como resultado de su conducta.