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Homosexualidad y lesbianismo


Clarence C. King (opinion@epasa.com) / Planificador Jubilado.

Sinceramente creo que la homosexualidad y el lesbianismo deben permanecer como una elección personal y discreta entre adultos, sin que sea sancionada o prohibida por el Gobierno; pero también creo que debe ser el derecho de los que realmente profesan la fe cristiana identificar tales actos como antinaturales, sin ser motivo de ataque cáustico y mordaz por parte de activistas pro “gay”.

No apoyo la violencia ni el odio hacia las personas homosexuales; aún cuando mis creencias religiosas están en conflicto con las creencias de los “gay”, y veo la homosexualidad como pecado, pero creo que el odio y la violencia son pecados más grandes.

Son muchos los representantes gubernamentales, legisladores y ciudadanos que miran con apatía e indiferencia este problema , y aunque sus conciencias les dicta que está mal, están dispuestos a afirmar que es algo normal para evitar el epíteto de homofóbicos, aunque la Biblia no se ajusta a esa agenda liberal.

La homosexualidad y el lesbianismo no es normal ni genética. Es una elección y un efecto de influencias; la ciencia no lo apoya ni sustenta, la historia y la biología no lo apoya ni sustenta y tampoco encuentra sustento ni apoyo en la sociedad. Solo la ignorancia sin fundamento, superstición y temor le ofrecen algo de consuelo.

Nadie ha sido encontrado con un gen innato “gay”, o un órgano u hormona específica “gay” o un compuesto químico, o cualquier combinación, ya que no es innato, es una variante anormal de la sexualidad humana. Es igual que decir que los pedófilos, incestuosos y adúlteros nacen de esa manera y luego tratar de encontrar consuelo en esa creencia.

El verdadero problema aquí es que los “gays” rehusan que sea cuestionado su estilo de vida, a pesar de que cuestionan y se mofan de la creencia cristiana y de la iglesia. Pero he aprendido que cuando la gente te ataca por defender la moralidad, sabes que estás en la voluntad de Dios. Es mejor ser odiado por lo que representas y por lo que eres, que ser amado por lo que no representas y no eres.

Por otro lado, el verdadero propósito de las relaciones heterosexuales y del matrimonio es, sobre todo, acerca de familia y procreación, mientras que el propósito de las relaciones homosexuales es sobre gratificación personal del apetito humano. El matrimonio no sería fundamental para nuestra “existencia” y nuestra “supervivencia” si no tuviera nada que ver con nuestro potencial procreativo; y es ese potencial de procreación lo que dio origen a la institución del matrimonio – el sacramento más sagrado dado por Dios al hombre – y establecido en la sociedad, para regular las obligaciones y responsabilidades resultantes de la procreación. No podemos por antojo cambiar la definición de matrimonio para complacer a los homosexuales.

Aquellos que están de acuerdo con el matrimonio “gay” están declarando que no creen en la palabra de Dios ni en la santidad del matrimonio, ni que Dios creó al hombre para la mujer y viceversa.

Hoy día vemos a gobernantes y legisladores que al parecer quieren apropiarse del poder de Dios, actuando y legislando de manera desafiante a Dios y sus directrices, y en consecuencia, debilitando la fe de muchas personas y haciendo que vivan una vida más libertina.

Los homosexuales son personas muy vulnerables a la confusión espiritual y emocional y esa confusión es un factor que deteriora su fe y su paz interna, haciéndoles interpretar mal lo que Dios ha dicho y hecho.

Por otro lado, es triste y causa grima escuchar a homosexuales justificarse, alegando que hay animales homosexuales. Basar su moral sobre lo que hacen los animales, deshumaniza y es un insulto a las personas. Los seres humanos tienen la capacidad de ser atraídos sexualmente a cualquier cosa, igual que los animales, pero a diferencia de los animales, tenemos también la capacidad de evitar actuar sobre inclinaciones y deseos indignos e innaturales. El punto es que los animales no son seres humanos, por consiguiente, no tienen un código moral.

Todos debemos tener la suficiente madurez emocional para discernir. El hecho de que miles de personas viven vidas pecaminosas, no significa que sea natural o normal, como el incesto y la pedofilia.

Planificador Jubilado.

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Lunes 17 de agosto de 2026