Honduras se encuentra en una dura y difícil encrucijada política
El golpe de Estado propiciado a Manuel Zelaya el 28 de junio de 2008 dejó una serie de interrogantes que aún no han sido despejadas.
La región tenía claro que el presidente constitucional de Honduras era Manuel Zelaya y lo que actuara Roberto Micheletti, como mandatario interino no tendría ningún valor para los que defendían el orden constitucional.
Pero, ¿porqué, si tanto se defendió a Zelaya se permitió que Micheletti llamara a elecciones anticipadas?
¿Porqué se esperó a que Porfirio Lobo tomara el mando del gobierno el 27 de enero de 2010, para negociar la democracia en Honduras?
¿Porqué se espero a negociar con Colombia y Venezuela el retorno de Manuel Zelaya al país, sin que fuera investigado o enjuiciado por siete presuntos delitos?.
Y ¿porqué el retorno de Zelaya era crucial para el reingreso de Honduras a la Organización de Estados Americanos (OEA)?
Lo que no queda claro en este juego de ajedrez es que si el gobierno de Micheletti era de facto, y Lobo ganó unas elecciones bajo estas circunstancias ¿cómo es que se reconoce su gestión en el país?
Todo lo que ha pasado a lo largo de estos dos años en Honduras es muy extraño.
Y más extraño aún es que Manuel Zelaya insista en hacer cambios constitucionales en el país a través del Frente Nacional de Resistencia Popular, y asegurar que se hará del poder en los próximo comicios presidenciales.
Lo cierto es que en este país centroamericano en materia política pasarán muchas cosas, lo ayudarán a mantenerse en democracia o simplemente provocará algún tipo de retroceso político que causará un caos.
De sera así a los países de la región les tocará estar vigilantes y jugar un papel más preciso para la democracia.
