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Honro a los santeños


Nací en la Villa de Los Santos; mi padre era santeño y mi madre tableña y allí viví hasta los 3 años cuando nos trasladamos a Panamá. A los 6 años fui a vivir con mis abuelos a Las Tablas y allí cursé mi escuela primaria. Así tuve la oportunidad de conocer al campesino santeño del cual me siento orgullosa aún hoy. Pude conocerlo a través de mi abuelo a quien visitaban ellos y que también era ganadero. Cuando llegaban a casa, mi abuelo los invitaba a almorzar con toda la familia.

Hombres trabajadores, honestos, cuya palabra significaba el cumplimiento de la misma sin papeles firmados y menos notariados. El hombre santeño no le gusta deber a nadie y prefiere comprar todo al contado que tener letras que pagar. Es el hombre que trabaja de sol a sol con su sombrero pintado, limpiándose el sudor con la manga de su camisa de coleta y venerando sus santos para que los ayude a encontrar lo que desean a través del trabajo honrado. Le gusta cantar décimas a sus amores, bailar nuestros bailes y es alegre por naturaleza. La confianza que se deposite en ellos está segura. La mujer es sumisa, buena esposa y compañera para brindar apoyo a su marido en el momento que lo necesita. Va a donde va él. Mi abuela, que era campesina, pero tenía una inteligencia privilegiada, me decía: no deje nunca solo a su marido, a donde quiere ir, vaya usted porque ese es el hombre que duerme a su lado todas las noches.

Depositario de un respeto a la familia, nos formaron en ese ambiente y así crecimos con el respeto por los padres y mayores, incapaces de levantar la voz o contradecir sus opiniones. Allá crecí y aprendí valores de toda clase; aprendí a conocer al santeño y evaluar lo que valen y cómo son.

Hoy, 10 de noviembre, fecha gloriosa en la independencia de España, quiero honrar a aquellos hombres y mujeres que hicieron posible el grito de independencia para ser libres e independientes. Tengo fe en que continúan y seguirán igual que los conocí, por lo que nuestra provincia es privilegiada al dar hombres ilustres como nuestros próceres, varios Presidentes: Belisario Porras, Sergio y Bernardino González Ruíz y muchos más que son orgullosos profesionales y políticos honrados. Como dicen en mi tierra: la cédula 7 es cutriñona y mangaja. Santeño quisiera ser el que no nació santeño.

marisin.villalaz@gmail.com