Huele a cobre y a pobreza
El tema de la minería nos ha traído a la mesa una discusión que, a mi juicio, presenta dos claras posiciones: en primer lugar la que entraña una clara defensa del medio natural, del ambiente, y la otra, la que, de modo anonadado, persigue su destrucción. La primera es consciente, la segunda podría ser inconsciente. En épocas pasadas, tal vez a inicios del siglo veinte, aún nuestra América India se jactaba de su flora y de su fauna. Siglos antes, sobre todo en la época de la colonia, fuimos expoliados en nuestras riquezas auríferas y de ello la ruta de Panamá da cuentas de mejor testimonio y Castilla del Oro no fue una ilusión óptica y menos Santa María La Antigua, la del Darién.
Hoy vuelven a tronar los gritos desesperados de personeros de la explotación minera que ven oro, sueñan con el oro, huelen el cobre, sueñan con el cobre y a no ser por el mal olor de las aguas negras o servidas, dirían que es petróleo. Están enfermos de “mineritis”, tienen altas fiebres mineras. Están sofocados. También las voces de nuestros hermanos indios, los del pueblo gnobe y buglé, los están sofocando, los tienen casi al borde de la esquizofrenia.
El Defensor del Pueblo ha pedido, siendo intérprete de los reclamos populares, sobre todo del reclamo que proviene de los sectores potencialmente golpeados, la suspensión de los debates parlamentarios. Los indígenas han advertido que llegarán hasta las últimas consecuencias. No lo dicen en broma, el indígena es de poco bromear, conociéndolos puedo decir que no le agradan las bromas. Fui años atrás abogado de su Congreso General.
Cuando un indígena es sujeto de una broma o se le bromea, tan solo se limita a decir, con cara de mucha molestia, “respeta”. Poco se mete el indígena con los demás, su círculo social se constriñe, en la mayoría de los casos, al trato con sus pares. De modo que cuando dice “estar dispuesto hasta las últimas consecuencias”, debemos estar claros y seguros que no está bromeando ni hablando por hablar. El Gobierno debe prestar atención a este anuncio. Sus contenidos entrañan hasta la violencia y el luto si fuere necesario para la defensa de sus derechos e intereses en juego frente al tema de la explotación minera de Cerro Colorado y de otros cerros.
Chiriquí, Colón, Bocas del Toro, Veraguas, Coclé y otras provincias empiezan a hermanarse, hoy más que nunca, y en breve lo será todo el país, frente a una gran causa de vida, porque eso es lo que hay en el fondo de la lucha indigenista y de muchos compatriotas que, como yo, nos unimos al grito y al clamor popular, de “alto” a la explotación minera, y frente a este gran lazo de hermandad y solidaridad social, el Gobierno Nacional debe entender, tener la capacidad de advertirlo, que puede llegar un momento, en poco tiempo, en que tendrá a todo un pueblo hermanado frente a un reducido puñado de hombres llamado “Gobierno Nacional”. Y, desde luego, esto no sería nada bueno para la estabilidad del país y menos para el propio gobierno. Aún estamos a tiempo de revertir el estado de cosas. Sepa el Gobierno, el Presidente Martinelli, que, al decir de Torrijos, quien más consulta menos se equivoca.
